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Viñedos de Burdeos

Para muchas personas, sobre todo extranjeras, Burdeos es sinónimo de vino. Pero esta ciudad, cuyo nombre aparece inscrito en miles de botellas, no tiene grandes viñedos dentro de su territorio. Conozco un par de lugares a los que puedo llevar a mis amigos cuando preguntan por las viñas, sin necesidad de hacer kilómetros para ir al Médoc o Saint-Émilion, por citar las denominaciones de mayor prestigio. Pero prefiero reservarme algunas sorpresas.

Cerca de Burdeos hay algunos châteaux, no necesariamente menores, como el château Smith Haut Lafitte, un Pessac-Léognan. Además, fue a partir de este château que se creó la marca de cosméticos Caudalie, que aplica propiedades de la vid y la uva en la elaboración de sus cremas y sérums. En las instalaciones, es posible hacer uso del spa Sources de Caudalie.  También cerca de Burdeos, encontramos Pape Clément y Haut-Brion, dos châteaux de la denominación Graves.

Pero mi agenda contiene direcciones de Burdeos aún más sorprendentes y confidenciales. Es una forma de hablar, porque sus vides son tan evidentes que pasan prácticamente desapercibidas. La gente pasa ante ellas sin siquiera volver la cabeza. Otra particularidad es que no se pueden comprar botellas de estos viñedos. Nunca abandonan la cava del propietario.

Una de las vides más antiguas de Burdeos es la de la plaza de la Victoria, que sirve de dosel al McDonald’s en ella ubicado. Hay que alzar la vista para ver su follaje, que se despliega sobre una especie de celosía elevada. La plantó la familia Duverger a finales del siglo XVIII. Al principio había seis cepas de vid, pero solamente ha sobrevivido una, y los servicios municipales la cuidan durante todo el año. Es una variedad de uva muy antigua, el Cruchen-nègre, que se ha convertido en escasa y merece ser mimada.

La uva vendimiada por el Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA) produce de ocho a diez botellas de denominación Burdeos, que se almacenan en la cava del ayuntamiento de Burdeos, al igual que la producción de las vides de la Béchade. Este viñedo más reciente se halla al fondo del jardín de la Béchade. Los alumnos de las escuelas de Burdeos plantaron sus 1000 cepas de Merlot negro y Cabernet Sauvignon en el año 2002.

Por último, mi viñedo preferido, debido a su ubicación, es el del aeropuerto de Burdeos-Merignac, parte del área metropolitana de Burdeos. Nunca olvido mirarlo de reojo cuando parto o regreso de viaje. Bautizado como Croix de Guyenne, es el único viñedo del mundo plantado en un aeropuerto y no está ahí meramente de adorno. Se ocupa de él Olivier Bernard, responsable de la prestigiosa finca Domaine de Chevalier. Todo el proceso se efectúa de forma artesanal y manual. Desde hace 18 años, su vendimia, que ha producido 1200 botellas, corre a cargo de diferentes grupos socioprofesionales. Yo participé en la de 2009, que fue el turno de los periodistas.

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