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Venecia también es un puerto

Detrás de la conocidísima imagen turística, la ciudad ofrece también otras visiones.

La ciudad sobre el agua por antonomasia, conocida en el mundo entero por esta peculiaridad, se ha convertido en eso gracias al agua, mediante el próspero comercio marítimo de los pasados siglos con el Extremo Oriente y el Oriente Medio, fuente de las riquezas que han permitido erigir iglesias y palacios que aún hoy admira maravillado el turista.

De la potencia marítima de la antigua República de Venecia ha llegado hasta hoy, después de algo más de 8 siglos, el testimonio más importante representado por ese Arsenal donde, detrás de sus altas murallas, esta antigua fábrica encerraba uno de los primeros, si no el primer, ejemplo de producción con sistemas de cadena de montaje y utilización de piezas estandarizadas que se retomarán en la producción industrial del siglo XX.

Aquí se construían las galeras, galeazas, cocas y todas las embarcaciones de la potente flota militar y comercial veneciana, empleando un número de trabajadores que llegaba hasta los 5000 en los momentos de máximo trabajo, empleados en todas las tareas de producción.

Además de poder admirar desde el exterior (ya que aún es zona militar) su Porta di Terra rodeada de las estatuas de los leones y las torres que vigilan la entrada a la dársena interna, una buena parte del interior puede visitarse con motivo de las exposiciones de la Bienal de Arte y de Arquitectura que se celebran en años alternos, para poder hacerse una idea de lo que era esta gran fábrica del pasado.

Venecia siempre ha sido un puerto comercial. Basta con mirar algunas representaciones realizadas por numerosos pintores, albergadas en los museos de la ciudad o en las galerías y colecciones más prestigiosas del mundo, donde el dique de S. Marco y la Punta della Dogana están representados con un gran número de galeras, veleros y otras embarcaciones en los amarraderos.

Hasta las primeras décadas del siglo XX el terminal marítimo comercial se situaba en la zona conocida como la “Marítima”, en la parte occidental de la ciudad, en el extremo del lago paseo de las Zattere, nombre que también evoca las embarcaciones en forma de balsas que atracaban aquí.

Ahora la zona de Marítima se utiliza para amarrar naves de cruceros, mientras que el puerto comercial se encuentra más allá del puente translagunar que conecta la ciudad con la tierra firme, en la zona de Porto Marghera, del que este año es el centenario del inicio de las obras de esta importante zona portuaria e industrial.

Para celebrar el evento, recordar su importancia y darlo a conocer también a las jóvenes generaciones, hasta finales de enero una muestra en el Palacio Ducal presentará su evolución y la vida cotidiana que se desarrollará a través de fotos y vídeos del puerto junto con obras de arte moderno que evocan los trabajos que allí se realizaban.

La zona industrial, principalmente con producción química, hace un tiempo daba trabajo a casi 15.000 empleados, pero ha ido desapareciendo mientras que el puerto permanece aún en plena actividad y es uno de los más importantes puertos italianos y del alto Adriático.

Desde algunas zonas de la ciudad se pueden entrever sus grandes estructuras, silos para el grano, cisternas para los productos petrolíferos, grandes grúas que descargan contenedores y, quizá, algunos cruceros en una fase avanzada de construcción en los astilleros.

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