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Venecia en noviembre

Noviembre es el mes en el que la ciudad se toma un momento de tregua después del asalto de la variopinta multitud de turistas durante la temporada de verano.

La vida en la ciudad vuelve a ser más tranquila, menos agitada, y consigues caminar si encontrarte con atascos de personas en las estrechas calles y plazoletas.

La ciudad parece un poco somnolienta, casi cansada del gran ajetreo que ha tenido pero también engañosamente socarrona, lista para ofrecer maravillosas sorpresas.

Sorpresas dadas por el clima típico de este mes, que sin duda representa una forma diferente de ver Venecia, donde las imprevistas «aguas altas» que inundan parte de la ciudad se alternan con densas nieblas que ocultan los edificios a la vista con una capa fascinante, atenuando los sonidos, y el visitante se encuentra caminando en la nada hacia la nada.

Pero noviembre reserva también otras sorpresas que hacen descubrir la Venecia que aún es de los venecianos. La víspera de la fiesta de San Martín, que se celebra el día 11, se pueden encontrar grupos de niños armados con los más dispares instrumentos perfectos para hacer ruido, como tapas de ollas, bidones de metal y cucharones de madera, tomados prestados de la cocina de casa. De esta guisa merodean por las calles, como se suele decir, «golpeando a San Martín», entrando en las tiendas y cantando una cancioncilla mientras hacen un ruido increíble al golpear estos improvisados instrumentos, haciendo que los comerciantes, para quitárselos de encima, les ofrezcan algunas monedas para que vayan a comprar caramelos y otros dulces.

Son típicos de este día los dulces de pasta de galleta acompañados con praliné de colores o pasta de membrillo de manzana, en forma de caballero montado en un caballo, que recuerdan precisamente a la historia del santo en cuestión, que compartió su capa con un pobre viandante.

El 21 de este mes se celebra la festividad de la Virgen de la Salud, en la que se recuerda el final de una grave epidemia de peste hace siglos; por la gracia recibida del fin de dicha calamidad, la república hizo levantar la iglesia de la Salud y cada año la población peregrina allí para pedir la intercesión de la Virgen y que mantenga lejos las enfermedades.

Un oportuno puente de madera, que atraviesa el Gran Canal, fue construido por Santa María del Giglio en la orilla opuesta para facilitar el camino a la iglesia de la Salud.

El plato típico de la tradición, que aún se encuentra en este periodo en algunas trattorias, es la «castradina», es decir, una sopa de carne de carnero que parece que era consumida por los pescadores en las barcas amarradas delante de la iglesia mientras esperaban su apertura y la primera función religiosa de la mañana.

En estos días, se pueden ver colgados en los escaparates de los carniceros carteles con el texto «gavemo ea castradina», es decir, «tenemos castradina», con la que anuncian la disponibilidad de este tipo de carne, no disponible en otros periodos del año.

En los primeros días del mes, el 2 de noviembre, se celebra la festividad de la conmemoración de los difuntos y los venecianos visitan a sus seres queridos fallecidos yendo al cementerio de la isla de San Michele.

En estos días, en las pastelerías de la ciudad se venden dulces especiales, las llamadas «habas de los muertos»,  pequeñas bolitas de colores hechas de pasta de almendra que, tal vez, con su dulzor, ayudan a atenuar un poco el dolor de los recuerdos.

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