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Venecia de noche

Un paseo por la ciudad dormida, inmersos en un silencio roto solo por el caminar de algún que otro transeúnte.

Cuando cae el sol, cualquier ciudad adquiere un aspecto y un atractivo muy distinto respecto al que tiene durante el día. Venecia tampoco es una excepción y algunos dirían que tras el atardecer se vuelve aún más bella.

Después de la maravillosa puesta de sol llega la oscuridad, que envuelve unas calles tenuemente iluminadas con farolas que reflejan su luz en las ventanas.

Normalmente, los pasos apresurados de otros paseantes, concentrados en llegar lo antes posible a su destino, rompen momentáneamente el silencio junto con los de turistas despistados que miran alrededor fascinados, esforzándose por comprender que se encuentran en el mismo lugar que por el día era un hervidero de gente.

Durante uno de mis paseos me crucé con una joven pareja que, de la mano y con un aire despreocupado, se sumergían en el encanto de la ciudad nocturna y se sentaban en unos escalones para disfrutar de la intimidad que ofrecía el silencio.

El silencio también es distinto en Venecia tras la caída de la noche: la falta de tráfico rodado se traduce en un espacio mucho más silencioso que el de otras ciudades.

Al perderse entre las calles y las plazas solitarias, Venecia ofrece rincones característicos, pero también te regala maravillosas vistas cuando subimos al vaporetto en dirección San Marcos, en la parada de Rialto, mientras el puente del mismo nombre se aleja a nuestra espalda y la ciudad se abre ante nuestros ojos con todo su espíritu romántico y seductor.



A paso lánguido, sus palazzi se suceden a lo largo del Canal Grande, manteniendo aún los nombres de las famosas familias que hicieron grande a Venecia en el pasado: nombres de grandes dux, condottieri y «capitanes de mar», además de famosos hombres de negocios que contribuyeron a lograr la belleza que hoy admiramos.

Vemos Ca’ Farsetti, Ca’ Loredan, los palazzi Grimani, Contarini, Tiepolo, Querini, Barbarigo, Pisani, Corner.

Al lado de la denominada «curva del canal», el Gran Canal hace un giro casi en ángulo recto al que se asoma la poderosa mole de Ca’ Foscari, seguida de Ca’ Rezzonico, en la orilla opuesta del palazzo Grassi.

Tras pasar L’Accademia, llegamos al inacabado Ca’ Venier dei Leoni, seguido del gótico Ca’ Dario, desde donde vemos aparecer la impresionante Santa Maria della Salute, en contraste con la ligereza gótica del palazzo Contarini Fasan, conocido como el palacio de Desdemona y que encontramos enfrente de la famosa iglesia.

Una vez superada la bahía de San Marco, llegamos a la parada de San Zaccaria, después de haber disfrutado de la vista de la famosa plaza y el Palacio Ducal. Aquí podemos bajarnos para dar una vuelta por la plaza casi desierta, donde aún queda un puesto que ofrece a los visitantes la oportunidad de llevarse un recuerdo de la ciudad.


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