UN PASEO POR LAS JOYAS “OCULTAS” DE ZARAGOZA

La basílica del Pilar, la catedral de La Seo, el palacio de la Aljafería… Como cualquier otra ciudad, Zaragoza tiene una lista de lugares imprescindibles que no podemos dejar de visitar. Pero además de estos célebres monumentos, de sus numerosos museos y de sus zonas de ocio, la capital del Ebro cuenta con un buen número de rincones que, sin ser tan conocidos, suponen un auténtico tesoro que esperan a ser descubiertos por los visitantes. Estas son algunas de las muchas joyas ocultas que “esconde” la ciudad:

* ARCO DEL DEÁN

Está en una callecita humilde, en la parte trasera de la catedral, pero su belleza no tiene nada que envidiar a otros rincones del templo catedralicio. Si nos acercamos hasta allí nos encontraremos frente a un corredor construido nada menos que en el siglo XIII, y que desde aquellos remotos tiempos sirvió para conectar el edificio de La Seo con la casa del deán (prior). Sufrió una reforma en el siglo XVI que nos regaló un hermoso mirador de arquillos de estilo plateresco-mudéjar, una auténtica maravilla capaz de transportarnos a siglos pasados.

* REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA

Si cruzamos bajo el hermoso arco del Deán, y seguimos caminando por la calle Pabostria hasta llegar a su final, acabaremos frente a un auténtico palacio aragonés de estilo renacentista. Este edificio, conocido hoy como la Real Maestranza de Caballería por albergar la sede de esta institución zaragozana, fue originalmente el palacio de un rico jurista de origen converso llamado Miguel Donlope, quien encargó su construcción en la primera mitad del siglo XVI. Su fachada es un buen resumen de este tipo de construcción, con un acceso en arco de medio punto y un vistoso alero de madera, pero el interior es también sobresaliente, con una vistosa cúpula de madera cubriendo el hueco de la escalera, bellas decoraciones en yeso y artesonados en las salas nobles. Puede visitarse sábados y domingos de 11 a 14 horas.


Fachada de la Real Maestranza desde la calle Pabostria.

* LA LONJA

Está a simple vista, en plena plaza del Pilar, junto al Ayuntamiento y a un paso de La Seo, y aunque muchos visitantes admiran la belleza de las líneas arquitectónicas de su exterior, la mayoría no se anima a atravesar sus puertas, ignorando la joya que espera dentro. En la actualidad, este hermoso edificio civil de estilo renacentista construido en el siglo XVI acoge distintas exposiciones temporales (siempre gratuitas) durante todo el año, lo que no impide disfrutar de su bellísima bóveda de crucería estrellada.


Techumbre del edificio de La Lonja.

* PATIO DE LA INFANTA

En su origen, el Palacio de los Zaporta estaba situado en la céntrica calle San Jorge, y allí permaneció durante más de 300 años. Sin embargo, a finales del siglo XIX el edificio se encontraba en tan mal estado que se decidió su demolición. Por suerte, el llamado Patio de la Infanta –el patio interior del edificio– se salvó de la ruina y, tras ser desmontado pieza a pieza, fue adquirido por un anticuario francés. Tras su exilio en tierras galas, que se prolongó hasta 1957, esta exquisita obra de arte renacentista regresó a Zaragoza y se recuperó en una nueva ubicación: la sede central de Ibercaja (Calle San Ignacio de Loyola, 16), donde aún permanece a día de hoy y acoge exposiciones temporales, conferencias y otros eventos culturales.


Vista del Patio de la Infanta.

* PALACIO LARRINAGA

Al igual que otras muchas ciudades europeas, Zaragoza vio aparecer a principios de siglo XX un sinfín de construcciones en estilo modernista. Muchos de estos edificios, por desgracia, desaparecieron hace décadas víctimas de la especulación urbanística y decisiones poco acertadas de las autoridades. Entre las construcciones que lograron sobrevivir a la temible piqueta, destaca el vistoso Palacio de Larrinaga (Calle Miguel Servet nº 123), un edificio construido en la primera década del siglo XX por encargo del naviero vasco Manuel Larrinaga. El palacio está decorado con numerosos símbolos alusivos a la profesión de su propietario, y cuenta con salones profusamente decorados que pueden descubrirse en las visitas guiadas que se realizan todos los martes, de 09:30 a 11 horas.

* MUSEO DE LA TORRE NUEVA

Hasta finales del siglo XIX, Zaragoza tuvo en el centro histórico –en la actual plaza de San Felipe, a unos cinco minutos de la plaza del Pilar–, una enorme torre mudéjar que superaba los 80 metros de altura y era uno de los símbolos más visibles de la ciudad. La Torre Nueva –así se llamaba– comenzó a inclinarse poco después de su construcción a comienzos del siglo XVI, y aunque tal inclinación no parecía suponer un peligro, las autoridades decimonónicas de la ciudad decidieron derribarla en 1892. Como recuerdo de aquella atalaya que asombraba a los viajeros, hoy es posible descubrir algunos de sus secretos en el museo dedicado a su recuerdo que se mantiene en la antigua bodega de Montal, un establecimiento con solera que abre sus puertas en la misma plaza San Felipe. El museo incluye una gran colección de grabados, fotografías, planos y otros documentos que permiten descubrir el pasado y los entresijos de este hermoso edificio tristemente desaparecido. Además, se conserva también una auténtica joya: la maquinaria del reloj que la torre tenía en sus entrañas cuando fue derribada.


Trampantojo de la Torre Nueva, en una calle próxima a su ubicación original.

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