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Un paseo alternativo de primavera por Venecia

Una idea para cambiar los recorridos turísticos típicos y abarrotados de gente por una caminata entre el mar y la naturaleza en un lugar al que llegar fácilmente desde la plaza de San Marcos.

Con la llegada del buen tiempo, quizás sientas la necesidad de encontrar algún rincón tranquilo, alejado del mundanal ruido de los puntos más concurridos de la ciudad, en busca incluso de un reencuentro con la naturaleza.

El paseo que te sugerimos discurre a lo largo de los espigones o «murazzi» y te conducirá hasta el pueblecito de Malamocco, en el Lido.

El recorrido puede realizarse a pie, en un par de horas, o alquilando una bici en uno de los arrendadores de S. Maria Elisabetta, nada más bajar del vaporetto en el Lido.

A pie, una vez hayas caminado todo el Gran Viale, el itinerario se adentra en la playa. Si continúas hacia la derecha por el arenal, llegarás hasta la entrada de la carretera que discurre a lo largo de los «murazzi» y a la que, si vas en bicicleta, llegarás siguiendo el paseo marítimo.

Los «murazzi», construidos en la época de la República de Venecia, estaban formados por grandes bloques de piedra procedentes de la costa de Istria. Su finalidad era proteger la parte inferior del litoral de la furia del mar y de la erosión para, de este modo, garantizar la seguridad y la navegación en la laguna.

Si bien, tras la gran inundación de 1966, estas barreras se reforzaron, la pequeña carretera que las atraviesa por encima todavía ofrece un panorama inusual y fascinante: a un lado, el espectáculo del mar Adriático —que, si el tiempo acompaña, invita incluso a darse un chapuzón— y, al otro, una hilera continua de juncos y zarzas que esconden de la vista la civilización y que, de vez en cuando, permiten encontrar restos de fortificaciones austríacas y de búnkeres que datan de la II Guerra Mundial.

En un determinado punto del descenso por unos pequeños senderos hacia el núcleo de población, este se disipa y te verás envuelto por el sonido del mar y el silbido del viento hasta que, casi por arte de magia, surge un campanario que indica la llegada a meta del paseo.

Otra senda que desciende entre zarzas y juncos, parecería que hacia ninguna parte, conduce al visitante hasta Malamocco, al que se accede por el bonito y pintoresco «Ponte di Borgo» para el reencuentro con un rincón de la Venecia del pasado.

Un breve paseo permite admirar en la plaza la iglesia y la Casa del Podestà. En las inmediaciones también es posible ver algunos brocales de pozo con la insignia del león marciano.

Ha llegado el momento de disfrutar de los dos restaurantes disponibles para degustar platos de pescado regados con una copa de vino blanco, siempre en compañía de los clientes locales inmersos en sus parloteos.

En el lugar también existen un par de «hoteles con encanto» y, al atardecer, desde la terraza sobre la laguna desde la que se puede admirar Venecia a lo lejos, es posible que surja la inspiración, como le ocurrió a Hugo Pratt, el creador de Corto Maltese, que ambientó aquí algunas viñetas de sus tebeos.

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