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Tesoros escondidos

Como todas las ciudades con una larga historia a sus espaldas, hay miles de cosas que ver y muchas de ellas están ante nuestros ojos, pero ni nos detenemos en ellas porque nos dejamos atraer más por otros lugares más famosos o más visibles.

También en Venecia tenemos lugares así, que son menos conocidos o visitados en comparación con los clásicos con gran reclamo, como plaza San Marco con su basílica y el Palacio Ducal, el puente de Rialto o la Galería de la Academia, por citar algunas de las metas turísticas más famosas.

Uno de estos lugares, algo más desconocidos y escondidos, aun estando a poca distancia de la plaza San Marco, es la iglesia ortodoxa de San Giorgio dei Greci y su antiguo museo del Instituto Helénico de Estudios Bizantinos.

Tengo que confesar que yo también los he descubierto hace poco, a pesar de que sabía de su existencia y de haber pasado por delante en innumerables ocasiones por una calle que recorría muy a menudo, ya que en esa zona vivía mi abuela materna y algunos familiares y porque era un recorrido que a veces hacía para volver a casa de la escuela.

Lo que pasó exactamente hace poco fue que, al pasar por delante un día, mientras paseaba sin meta y sin compromiso alguno, me pregunté maravillado por qué no había visitado nunca esta iglesia y su museo, a diferencia de muchos otros lugares de la ciudad. Por otra parte, tengo que admitir que uno de los países que más me apasionan es, precisamente, Grecia, que conozco muy bien al haberlo visitado muchas veces en varios viajes.

Y así fue como, al pasar por delante por pura casualidad en pleno horario de apertura, acabé visitando el museo, lleno de importantes testimonios iconográficos, y la iglesia.

Este lugar tiene una historia muy antigua, de hecho, Venecia siempre estuvo muy unida por raciones comerciales y de diverso tipo a Grecia y en la ciudad existió desde siempre una numerosa comunidad griega que, en la segunda mitad del año 1400 obtuvo permiso para fundar una «Escuela» para que asistieran sus compatriotas y una iglesia en la que seguir las celebraciones con el rito ortodoxo que hasta entonces estaban concedidos a la iglesia de San Biagio.

Por tanto, esta primera visita mía fue un descubrimiento muy agradable del interior de estos edificios y de la interesante exposición de iconos bizantinos y pinturas de escuela greco-veneciana que corresponden a un periodo comprendido entre 1500 y 1800.

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