Sant’Erasmo

Es posible encontrase en pleno campo en medio de la laguna, en una isla donde se cultivan algunos de los más preciados productos agrícolas, que le han ganado el sobrenombre de «Huerto de Venecia».

Después de haber visitado los lugares más famosos de Venecia y de perderse por sus laberínticas calli, es normal que nos asalte el deseo de un poco de tranquilidad. Por fortuna, algunos rincones de la ciudad nos pueden ofrecer justo lo que necesitamos.

Son lugares un poco alejados de los itinerarios turísticos, a los que llegar no resulta tan fácil, pero que aún retienen la atmósfera de serenidad de tiempos pasados.

Ya hemos hablado de algunos de ellos, como Malamocco y Pellestrina. Hoy desvelaremos otro.

Dejad «Fondamente Nove» con el vaporetto número 13 (pasa cada hora, más o menos) y en una media hora llegaréis al «Capannone», antes de las tres paradas de la isla de Sant’Erasmo.

Esta isla, de unos cuatro kilómetros de longitud, se puede recorrer a pie en un paseo circular o en bicicleta (aunque nos podemos cruzar con algunas motos o coches de los residentes) atravesando caminos y pasajes entre sus campos de verduras, frutas y viñedos. Durante el verano, la banda sonora la pondrán las cigarras y los grillos, algún gallo a lo lejos y el graznido de los patos que nadan en los canales. El telón de fondo lo pone Venecia, sus tejados y sus campanarios, que parecen surgir del agua de la laguna.

Entre los productos típicos de la isla, los más famosos son sin duda las alcachofas violetas de Sant’Erasmo.

Si vais por allí en el mes de mayo, no podéis perderos la Sagra del Carciofo, una feria donde se pueden degustar las alcachofas y, en particular, los castraure. Se trata de los primeros brotes de alcachofas, que florecen y se cortan para conseguir los botoli, las alcachofas laterales, que se pueden cocinar de muchas maneras.

A principios de octubre, en cambio, no os podéis perder la Sagra del Mosto, el vino aún no fermentado. Allí podréis probar el torbolino, un vino blanco, ligeramente gaseoso y amable de color blanco turbio, que le da su nombre.

Si seguís por la Via dei Forti que sale de Capannone, llegaréis al punto contrario, donde se encuentra la Torre Massimiliana. Se trata de una imponente obra defensiva única en la laguna, realizada por los franceses y completada por los austriacos en el 1800. Recientemente, ha sido restaurada y acoge exhibiciones y actividades culturales.



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Si seguís unos pocos metros más, llegaréis a un bar-restaurante donde, sentados cómodamente bajo los toldos y los árboles, podéis comer disfrutando del panorama de la laguna, frente a la playa del Bacan. Los fines de semana de verano, muchos venecianos se acercan hasta aquí con sus barcas, para tomar el sol y bañarse.

En la isla, el único hotel con restaurante es un negocio familiar que acoge a los visitantes que buscan la tranquilidad después de un día de paseos por Venecia. Ofrece platos típicos preparados con productos locales. En la Azienda Agricola i Sapori di S. Erasmo podréis también reservar una visita a la granja escuela.

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