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¿Sabes qué es un chiosco?

Hace unos años, cuando acababa de comprar mi primer smartphone y las app para modificar las fotos eran pocas (se contaban con los dedos de una mano), estaba en el quiosco con algunos amigos. Habíamos tomado un mandarina-limón, un seltz, limón y sal y un mandarina verde. Los pusimos en una fila tan perfecta, en esos vasos sobre el mostrador, que parecía un cuadro. «Esperad, esperad, antes de beber tengo que hacer una foto», dije yo. Así que cogí el teléfono y esperé todo un minuto a que la app cargase. Después hice la foto y apliqué el efecto. Solo que me equivoqué y transformé una foto con colores preciosos en una imagen en blanco y negro. Quería repetirla, pero mientras tanto, me había entrado sed y mi seltz me esperaba.

Nunca he visto quioscos como los de Catania en ningún otro lugar. A decir verdad ni siquiera sabría decir si existen. Una de las cosas que sé – pero no sabría citar fuentes al respecto – es que son algo típico catanés. La versión pro de los street food. Una zona de bebidas gourmet para todos los gustos. Porque ya se sabe que los cataneses somos gente sustanciosa. Antes de nada pensamos en la comida y la bebida y después en todo lo demás. Como decíamos, los quioscos piensan en la bebida. Y es importante saber elegir la bebida adecuada: el almíbar más refrescante, unido a la cantidad justa de zumo de limón, de agua con gas de grifo o de sal, según los gustos.

Por ejemplo, yo siempre me pido un seltz, limón y sal. La sal es opcional, pero para mí es indispensable. Es una bebida muy simple, para prepararla solo son necesarios dos minutos y para beberla menos aún, pero quita la sed como ninguna otra cosa y cuando tienes la garganta seca, en las noches de verano, es un espejismo, como un oasis en el desierto. Pero no he sido siempre fiel al seltz, limón y sal.

Cuando era niña era asidua al mandarina-limón: almíbar de mandarina, seltz (el seltz, que creo que no lo he explicado, es agua con gas de grifo) y zumo de limón. Te vuelve la lengua naranja y está muy dulce, para algunos demasiado. Esos mismos son los que toman el mandarina verde: lleva también almíbar de mandarina, solo que un poco verde. Por lo menos creo que es así, porque de lo contrario no consigo entender el cambio de color. Y el mandarina verde, como es obvio, deja la lengua verde. ¿Os he dicho que de pequeña también me encantaba?

Después hay gustos que descubrí de mayor: el chinotto del quiosco, por ejemplo. Que no es como el que venden en el supermercado – ni siquiera el artesanal – y está mucho más bueno. O bien el tamarindo, que está muy dulce pero no sabría decir a qué sabe además de «a tamarindo». El limón-limón con granizada de limón es otro de los grandes clásicos. Tengo una amiga que recorre kilómetros para tomarlo en su quiosco preferido. Y este asunto del «quiosco preferido» abre otro matiz más: ¿cuál es el mejor quiosco de Catania? La respuesta no puede ser unívoca. Yo, por motivos de afecto, estoy muy unida al quiosco Giammona de plaza Umberto, cerca de vía Etnea. Es histórico y los dueños son muy amables. Nunca me preguntan si quiero o no sal en el seltz, porque para ellos la sal es necesaria. Han hecho de ello una especie de religión y ahora es una empresa.

Pero hay una escuela de pensamiento que se decanta por el quiosco de plaza Borgo, muy visitado a todas horas y fácil de llegar, sobre todo en coche. Es fácil encontrar aparcamiento y alrededor hay un montón de bancos. Sin embargo, a veces se pasan con el zumo de limón y de la sed a la gastritis hay solo un paso, os lo aseguro. Al final, hace poco descubrí el quiosco de plaza Roma: el del tío Lino. Nunca había estado allí y descubrí solo después de la muerte del dueño que era una especie de leyenda en la ciudad. Inventaron – y patentaron – la fórmula mágica del frappé. Una bebida que, si tuviera que elegir un adjetivo, definiría como «sustanciosa». El más famoso es con nutella. También lo he probado con avellanas, aconsejada por una amiga, y sí, me pregunté cómo no había estado nunca allí. Lo único que sé es que tengo que volver porque tengo que probar todos los demás frappés. Una pausa refrescante antes de una merienda nocturna en vía Napoli, la pastelería y el bar que abre toda la noche más famoso de Catania: sin una cipollina – un hojaldre relleno de cebolla, tomate, mozzarella y jamón – no puede haber amor verdadero.

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