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Rafting en el río Adigio

Hace algunos años, un amigo me introdujo en una actividad deportiva, como mínimo, original. En vez de ir a correr a un parque o jugar un partido de tenis o de fútbol, nos veíamos un par de veces a la semana en la orilla del Adigio para dar un paseo en canoa antes de ir al trabajo por la mañana.

Nunca antes había tenido en mis manos una piragua y la primera impresión no había sido de las más sencillas. Íbamos siempre con la rigurosa compañía de un instructor desde la vieja dársena de la antigua aduana y remontábamos la corriente, puente tras puente, hasta el Ponte Pietra, que era insalvable para unos piragüistas aficionados como nosotros por la presencia de rápidos.

Más de una vez he volcado la canoa por un error en una maniobra; más de una vez he tenido que nadar en las gélidas aguas del río agarrado a la canoa volcada intentando llevarla a la orilla para después salir al agua de nuevo por enésima vez.

Esa experiencia, que a pesar de todo recuerdo con afecto, no desató en mí el amor por la canoa, para la que no creo tener grandes capacidades. Pero sí que hizo que me enamorara de mi ciudad vista desde el río. El centro histórico de Verona está rodeado por tres de sus lados por el Adigio, que está presente de forma continua. Pero desde abajo en la superficie del agua, la perspectiva es completamente distinta, inédita incluso para los que han nacido y crecido en Verona y creen que la conocen bien. Es como ver otra ciudad: compacta, con esos edificios de colores, las torres y los campanarios en fila y en perpendicular sobre los márgenes del río, como un largo y sinuoso horizonte, difícil de describir con palabras hasta que no lo ves con tus propios ojos.

En su paso por Verona, el Adigio, que es el segundo río más grande de Italia después del Po, por sus corrientes y su caudal, parece más bien un gran torrente que alterna tramos especialmente tranquilos con otros algo más salvajes. Su naturaleza no permite instalar un servicio de transporte fluvial como el de Londres o Paris, pero no hay que ser piragüista para saborear la emoción de un paseo por sus aguas.

El punto de partida para explorar el Adigio es sin duda alguna el Canoa Club Verona en la nueva sede del centro deportivo del Bottagisio, un centro construido recientemente y la más importante de todas las instalaciones deportivas de la ciudad. Una asociación organiza desde este punto excursiones de rafting, adaptadas a piragüistas mayores de tres años. Es un recorrido de gran valor paisajístico y también cultural, ya que se explica –en italiano y en inglés– todo lo que hay que saber sobre la historia de la navegación de este río, sobre los puentes que lo cruzan y sobre la relación de la ciudad con su curso de agua.

El recorrido de la ciudad no es el único lugar espectacular en el Adigio para un paseo en bote. De hecho, la misma asociación organiza también excursiones en su tramo más al norte (con salida del pueblo de Dolcè y llegada a Pescantina), donde resulta especialmente sugerente el cruce del estrechamiento del Ceraino, en el que el río serpentea por una serie de curvas ante las paredes rocosas del desfiladero, con la apariencia de un auténtico y verdadero cañón. Para los apasionados, precisamente en este tramo se organiza cada año la Maratón del Adigio que, junto con las frenéticas carreras, permite que los aficionados también se reúnan con sus canoas para un gran día de fiesta.

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