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El Museo Toulouse-Lautrec de Albi

Recuerdo cuando era pequeño y vi la reproducción de un cartel de La Goulue, firmado por Toulouse-Lautrec. La Goulue fue una famosa bailarina de «cancán» que animaba las noches en el Moulin Rouge, por donde se dejaba caer Toulouse-Lautrec a menudo, y con su arte reflejaba el cabaret y las noches parisinas pintando sus mujeres, su intimidad y su vida cotidiana.

No vivo en Toulouse, y ni siquiera me planteo ir allí un día, pero idolatraba esta misteriosa ciudad por los pilotos del Aéropostale: Mermoz, Guillaumet, Saint-Exupéry… Sus hazañas me hicieron soñar, y yo devoraba sus aventuras anhelando poder acompañarlos. Para mí, Toulouse era una ciudad mítica, y escuchaba con emoción (como ya dije) la canción que Claude Nougaro dedicó a su villa rosa.

Entonces, ¿había un pintor que se llamaba Toulouse? ¡Pues debía ser un gran tipo!

Un museo en honor del hijo predilecto

Henri de Toulouse-Lautrec nace en Albi con una salud frágil. Su vida es corta, pero su producción, inmensa. Tras su muerte, sus padres buscan garantizar la posteridad de su obra. Se proponen donarla, pero los museos de París lo rechazan (el Museo de Orsay todavía no existe; abrirá en 1986).

La ciudad de Albi acaba de recuperar el Palacio de la Berbie, abandonado por la diócesis: está vacío… ¡y es perfecto para transformarlo en un museo! Se inaugurará en 1922 y restaurará en 2012.

El edificio es impresionante: sótanos abovedados, luminosas estancias, techos pintados y su gran escalera. Estas son algunas de las maravillas que lo componen.

Un pintor de la intimidad

Toulouse-Lautrec esboza y bosqueja constantemente lo que ve, dibujando todo aquello que tiene a su alcance: uno siente en su obra la necesidad, el deseo de capturar el momento, los gestos y el realismo de las actitudes, como en «Fluffy, el bulldog de Madame Palmyre» (1897), donde casi resulta sorprendente no oír ladrar al perro.

Toulouse-Lautrec tiene un cuerpo deforme a causa de una enfermedad degenerativa que requiere numerosas hospitalizaciones y complica significativamente su vida emocional: se le lleva a París, donde asiste a burdeles regularmente y entabla amistad con sus prostitutas. Los retratos que de ellas hace son modestos, respetuosos y de gran sensibilidad. Se esfuerza por reproducir el ajuste de unas medias, la pinza de un vestido, el bamboleo de una falda… es capaz de plasmarlas casi con vida, como nadie; sus dibujos parecen instantáneas.

Una pintura fascinante

Su pintura me fascina. Me resulta tan divertida como el vuelo de un cancán, y mientras camino por el museo, donde voy tan a menudo (cuando quiero que mis amigos conozcan Toulouse y sus alrededores, es una de mis paradas favoritas), no puedo evitar escuchar la banda de música o la orquesta de uno de esos cabarets donde Toulouse-Lautrec pasó la mayor parte de su tiempo. Sus dibujos son alegría, pero a veces también desesperación. Toulouse-Lautrec conoció bien la soledad. Fue capaz de plasmarla a la perfección, por ejemplo, en «Los bebedores» (1889). También pintó un jardinero, un cochero o un muchacho, y a Rafaël, el famoso payaso Chocolat, que parece estar realmente solo, a pesar de las risas que produce («Chocolat bailando», 1896, en el diario «Le rire»).

Un optimismo embaucador

Toulouse-Lautrec es famoso por sus carteles del Moulin Rouge o de la Goulue, por supuesto, pero también se encarga de la publicidad de las cadenas de bicicleta Simpson, el Salon des Cent y la Revue Blanche; los conciertos de Caudieux y Aristide Bruant, Ripolin y el Folies Bergères: sabe que su vida no durará mucho tiempo y la vive con deseo, la decora de mil colores, la adorna con cienes de reuniones.

El optimismo es contagioso en los salones magníficamente decorados del Museo, y a veces me encuentro tarareando, en silencio, el galop infernal de Orfeo

Información práctica

Museo de Toulouse-Lautrec

Palacio de la Berbie – Place Sainte – Cécile BP 100 – 81003 Albi cedex

Tel. : +33 (0)5.63.49.58.97

Fax : +33 (0)5.63.49.48.88

Correo electrónico: servicedespublics@museetoulouselautrec.com

Abierto todos los días (excepto los martes fuera de temporada)

Cerrado el 1 de enero, 1 de mayo, 1 de noviembre y 25 de diciembre.

 

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