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Marineros, naufragios y… cocina

Un increíble viaje, en el tiempo y en el espacio, cómodamente sentados a la mesa degustando un exquisito plato de la cocina véneta.

Entre los platos tradicionales de la cocina de Venecia se halla una receta cuyo ingrediente principal es un pescado que no se captura en el mar Adriático: el bacalao.

Cuenta la historia que, en 1432, Pietro Querini introdujo en el Véneto el uso del pescado seco, tradicional del norte de Europa, por causas totalmente fortuitas y trágicas.

La carraca Querina había zarpado de la isla de Creta con rumbo a Flandes cargada con vino malvasía, producido en los terrenos de la familia Querini en la isla, y otras mercancías preciadas.

Para nosotros, acostumbrados a movernos rápidamente de un continente a otro, así como a enviar y recibir mercancías en todos los rincones del planeta, este viaje no sería nada del otro mundo. Sin embargo, si pensamos en cómo se viajaba entonces y en el tiempo que se tardaba, no podemos ocultar cierta admiración por aquellos hombres que se enfrentaban a largos viajes y dificultades que ni siquiera podemos imaginar.

La Querina nunca llegó a su destino… Tras surcar el cabo Finisterre, con rumbo Norte y vientos en contra, permaneció a merced de las tormentas que rompieron su mástil y la hicieron navegar a la deriva. Los veintisiete miembros supervivientes de la tripulación decidieron abandonar el navío.

Solo once tripulantes, entre ellos Pietro Querini, lograron alcanzar sanos y salvos una pequeña isla deshabitada del archipiélago de las Lofoten (Noruega), donde fueron rescatados por pescadores de la isla de Rost, donde nuestro personaje conoció el bacalao y su modo de conservación.

A través de una declaración escrita por Antonio De Cardini del relato de los supervivientes, que se conserva en la Biblioteca de San Marcos de Venecia, podemos conocer tanto la arriesgada historia del naufragio como el rescate, así como los hábitos y costumbres de esos pueblos.

Finalmente, con ayuda de los pescadores, Pietro Querini viajó hasta Bergen, desde donde pudo regresar a Venecia y traer consigo el bacalao, un pescado exquisito, apreciado por sus carnes magras y por su modo de conservación, que permite mantenerlo en buen estado durante mucho tiempo.

En la sala de los «appartamenti del Doge», conocida también como «dello Scudo», del Palacio Ducal, el nombre de nuestro Querini aparece sobre una puerta, junto con el de otros famosos navegantes venecianos que surcaron los mares para descubrir tierras lejanas.

Por suerte, tras esta aventura, el bacalao comenzó a comercializarse desde el lejano norte hasta las cocinas venecianas, donde se convirtió —hasta hoy en día— en una especialidad muy apreciada, con sus dos preparaciones más famosas: «a la vicentina» o «mantecado». Por eso, nadie que visite Venecia o el Véneto debería perderse estos deliciosos platos.

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