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Los imponentes muros de Verona

En el año 2000 la Unesco incluyó a Verona en la lista de ciudades patrimonio de la humanidad no solo por la belleza de su arquitectura levantada a lo largo de 2 milenios de historia, sino también porque “representa de forma excepcional el concepto de ciudad fortificada en más etapas, característico de la historia europea”.

Con el paso de los siglos, se han construido en Verona tres murallas distintas. La primera fue la muralla de la época romana, que cerraba la ciudad, ya protegida por sus otros tres lados por la ensenada del río Adigio. Después, en el siglo XII, las murallas “comunales” al sur de la Arena y que aún hoy son bien visibles por la vía Pallone. Y finalmente, la imponente intervención de fortificación de la Señoría de los Scaligeri a inicios del siglo XIV, delimitando la ciudad histórica, los barrios limítrofes y las colinas. Esta estructura, que se extiende por unos nueve kilómetros, fue reforzada después por los venecianos, en primer lugar, y por los austríacos, que le dieron a los muros su aspecto actual.

Es verdad que a día de hoy los muros ya no tienen su función original. No hay ejércitos enemigos ni invasores de los que protegerse y la ciudad se ha desarrollado mucho fuera de su perímetro. Pero igualmente su presencia sigue haciéndose notar. Además, a diferencia de muchos otros lugares y monumentos veroneses, aún no han sido valorados turísticamente. Esto, después de todo, puede ser incluso algo bueno para quien quiera apreciar hasta el fondo su autenticidad.

Los muros más antiguos, los romanos, han desaparecido, a excepción de un pequeño tramo visible solo detrás de la Arena. No importa: aún permanecen perfectamente conservadas dos magníficas puertas de acceso a la ciudad romana, la Porta Leoni y sobre todo la Porta Borsari: esta última se encontraba en una importante calle consular como la vía Postumia, y fue llamada así porque aquí los soldados “borsari” cobraban los aranceles a las mercancías que entraban e iban directas al mercado de Piazza Erbe.

Los muros que todos ven hoy llegando a Verona son los llamados “magistrales”, sobre el perímetro de la ciudad en los tiempos de la Señoría de los Scaligeri y del posterior dominio veneciano. Las majestuosas puertas diseñadas por el arquitecto renacentista Michele Sanmicheli son aún hoy los principales puntos de entrada a la ciudad.

Las principales son Porta Vescovo, Porta Nuova, Porta Palio y Porta San Zeno. Esta última es mi preferida, no tanto por su calidad arquitectónica sino por el lugar. De hecho, mientras las otras se presentan ya incluidas en los enlaces viales, en San Zeno la puerta todavía está visiblemente unida a los imponentes bastiones perfectamente conservados.

Lo bonito de los bastiones no es mirarlos desde abajo, sino subir hasta la cima y disfrutarlos desde arriba. El acceso es fácil, con innumerables puntos de acceso a pie de calle. En la cima, hay todo un mundo elevado por descubrir y un parque urbano informal donde los veroneses pasean y hacen jogging. Recorriéndolos se descubrirá, por ejemplo, que a la sombra de la muralla ha nacido una especie de ciudadela del deporte, con campos de fútbol, tenis y piscinas. Se puede tropezar con un zoo abandonado, del que solo quedan las jaulas vacías de los animales. Se pueden descubrir muchísimas grietas en las que, según nos contaban nuestras profesoras del colegio, los veroneses evacuados de la Segunda Guerra Mundial se protegían de las bombas.

La parte más espectacular de la muralla es la que sube por las colinas. Tal vez sea la mejor ruta de senderismo urbano que se pueda encontrar en Verona, pero si quieres enfrentarte a ella, mejor que tengas un buen par de zapatos, tiempo y algo de entrenamiento, porque en algunos tramos la subida es muy empinada. Yo aconsejo partir de la escalinata de vía San Nazaro, llegando a la magnífica terraza del instituto Don Calabria, continuando hasta el Fuerte San Felice de los Austria. Desde aquí se puede bajar hacia el característico barrrio de San Giovanni in Valle por la vía Nazareth, o bien continuar hacia Castel San Pietro. Un último consejo: entre vistas impresionantes, muros medievales, jardines y olivares, es mejor tener siempre a mano una cámara de fotos.

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