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Latour-Marliac, mi vendedor de nenúfares en el Temple-sur-Lot

En las afueras de Burdeos, disfruto de unas bonitas salidas que combinan el placer con el sentido práctico. Entre ellas se encuentran mis paseos al Temple-sur-Lot. Siempre vuelvo impresionada y con un ramo de nenúfares u otras curiosidades.

Cuando compramos nuestra casa, hace unos veinte años, encontramos en el jardín un pequeño estanque tristemente vacío. No podía seguir así. He metido algunas carpas doradas y para darles un ambiente más acogedor, me pareció buena idea cultivar nenúfares. De hecho, en Aquitania teníamos un especialista en este tipo de plantas acuáticas que nos venía como anillo al dedo, Latour-Marliac, en el Temple-sur-Lot, en Lot y Garona.

Este histórico vivero fue creado en 1850 por Joseph Bory Latour-Marliac, nacido en Lot y Garona, para cultivar bambús, que siguen presentes en la explotación y forman altos setos, muy tupidos, a la entrada del recinto. Pero lo que le ha dado su fama es su capacidad para producir nenúfares de todos los colores mediante hibridación del nenúfar blanco europeo con nenúfares salvajes de diferentes tonalidades. Una auténtica revolución en aquel momento que fue todo un éxito en la Exposición Universal de París de 1889. Fue allí donde el pintor Claude Monet los descubrió. Luego realizó varios pedidos de nenúfares para su jardín acuático de Giverny lo que le sirvió de inspiración para su famoso cuadro de 200 m², Los Nenúfares, que he contemplado en el museo de la Orangerie en París.

En los jardines de Latour-Marliac, me gusta pasear entre los 80 estanques donde crecen más de 200 variedades de nenúfares y lotos tornasolados. Al verlos de cerca, me divierto buscando diminutas ranas que comparten estos estanques con muchísimos pececitos. Paso por el museo antes de entrar en el parque donde se encuentra el estanque con nenúfares flotando. Luego voy a contemplar las carpas multicolores que viven en una gran piscina solo para ellas.

Si tengo tiempo, como en la terraza del restaurante Marliacea, entre piscinas y estanques, donde se pueden degustar productos regionales, foie gras con gelatina de té de loto, confit de pato o quesos del Broc. Vuelvo admirando la Encomienda hecha con pequeños ladrillos, al lado de la carretera principal, fundada en el siglo XIII por los Templarios. Sirve como residencia para los que realizan prácticas en la base deportiva del Temple-sur-Lot y también tiene un restaurante.

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