rigolettes-nantes-rinconandlanding

Las rigolettes de Nantes

Cual golosa ante el placer eterno, ¡soy incapaz de resistir mucho tiempo ante una rigolette!

Todo comenzó cuando mis padres, amantes de los berlingots de Nantes, tuvieron la fabulosa idea de ponernos aparatos dentales a mis hermanas y a mí. ¡Se hizo imposible hincar el diente a un berlingot sin romper un trozo de metal! Entonces, ante nuestra desesperación (y sus dulces), decidieron comprar por primera vez rigolettes de Nantes. ¡Qué gran idea tuvieron!

Bien pronto, este dulce nantés le hizo competencia al berlingot. Toda la familia quedó seducida por los encantos de la deliciosa rigolette
Hay que decir que este dulce nantés es irresistible: bajo una fina capa de azúcar crujiente, se esconde un corazón blando de mermelada 100% natural hecha de cítricos (piña, limón o mandarina) o frutos rojos (grosella o frambuesa). Más tarde aparecieron nuevos sabores exquisitos, como las rigolettes de caramelo de mantequilla con sal (mmm) o de chocolate praliné, e incluso ediciones especiales de temporada… En resumen, ¡imposible no caer!

Al mudarme a Nantes, descubrí, en una de las calles más comerciales de Nantes, una fantástica fachada de mosaico azul marino que rendía tributo a este pequeño confite nantés… Solo que la tienda situada tras el mosaico no vendía rigolettes (todo lo contrario).

Investigando este misterioso mosaico, descubrí que, de hecho, se encontraba en el lugar donde abrió Charles Bohu su primera tienda de comestibles. ¡Charles Bohu fue quien inventó, allá por 1902, las rigolettes de Nantes!

Ante el éxito del dulce, la tienda de comestibles se convirtió en 1930 en confitería y se instaló esta espléndida decoración, actualmente considerada patrimonio. En cuanto al nombre de rigolette, ¡resulta que Charles Bohu le puso al dulce nada menos que el nombre de su adorada gata!

Aún a día de hoy (ahora ya sin la tortura de los aparatos dentales), no logro resistir mucho tiempo ante una rigolette de Nantes. Me gusta ofrecerlas a mis amigos cuando vienen a verme a Nantes, solo para entrar en esa tienda llena de dulces tentaciones que está en la calle de Verdún (a pocos metros del bello mosaico Art Decó). Admiro las cajitas redondeadas, decoradas con la finura propia del siglo pasado. ¡Y nunca salgo con las manos vacías!

Me gustan tanto las rigolettes de Nantes que incluso llamo cariñosamente a mi hija La Rigolette. Es mi pequeño capricho nantés, de corazón tierno, ¡por el que me derrito! ¡Gracias, Charles Bohu!

Escribe tu comentario

Compartir


Comentarios

Todos los campos son obligatorios

Tu experiencia es muy valiosa para otros viajeros. ¡Muchas gracias!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Algunos rincones similares


Más rincones de Nantes