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Las librerías más bonitas

Cuando estaba en bachillerato, había una librería cerca de mi instituto que me encantaba. No me acuerdo ya del nombre, pero era muy grande y dentro había un montón de géneros y una variedad completamente inesperada. Los escaparates estaban siempre llenos de los libros más vendidos del momento o los éxitos literarios, pero solo había que entrar y hablar con una de las propietarias y en seguida el mundo era más bonito y se llenaba de historias, escritores y personajes. Tuve una pasión especial por aquel lugar hasta que cerró. Sufrí mucho en su momento, y me encariñé con otra librería –que dentro tenía también un salón de té–, que cerró también un tiempo después. En  Catania no se puede decir que haya pocas librerías, pero también sienten la crisis económica y de los lectores. Sin embargo, hay al menos tres que resisten de forma tan agradable que no se puede no ir a verlas.

Vicolo Stretto
Es el fruto de la pasión de la propietaria y un lugar tan adorable en el que pasaría horas y horas. Es muy pequeña, se encuentra en vía Santa Filomena y tiene al lado un callejón muy estrecho (vicolo stretto en italiano) del que toma el nombre. Organizan siempre muchas actividades en la librería, como presentaciones de libros, lecturas y debates. Lo que impresiona es la elección de los textos: no está todo, pero sí mucho. Y, sobre todo, hay cosas bonitas. Tal vez no tenga todos los superventas, pero seguro que sí encuentras los autores locales, los textos comprometidos y, sobre todo, los buenos consejos de quien vive de los libros y de quien ha elegido transmitir su pasión. Hay que apoyar los lugares así. Para conocer una parte del espíritu de la Catania que se mueve.

 

 

Macondo wine and book cafè
Leer un libro bebiendo una copa de vino, o una infusión, o una cerveza artesanal. Macondo surgió de repente en vía Vittorio Emanuele y ocupa una callecita estrecha y característica, cerca de vía Landolina y plaza Teatro Massimo, es decir, los lugares símbolo de la ajetreada movida ciudadana. Sin embargo, la librería es en realidad un oasis de paz y serenidad. Desde las mesitas de dentro –el mobiliario está hecho principalmente de materiales reciclados– hasta las mesitas de fuera se respira el aire de casa y del tiempo que se resiste a pasar. Yo he tenido allí largas conversaciones en verano y en invierno, y he pasado muchas horas leyendo sin que nadie me molestara. Macondo, como el pueblo ficticio del que toma el nombre, es un lugar encantado. De vez en cuando tocan música en directo y con DJ, pero si quieres tranquilidad solo tienes que informarte y evitar esas actividades.

Prampolini
La librería histórica por excelencia. Está en vía Vittorio Emanuele –pero bastante lejos de Macondo– y abrió en 1894, cuando también se encuadernaban libros. Toma el nombre de Giuseppe Prampolini, que la levantó. Durante muchos años la llevaron los Prampolini, hasta que tras la muerte de Romeo –de quien la librería toma el nombre actualmente– recayó en manos de un discípulo. La librería Prampolini es un salón literario, además de un lugar con atractivo histórico. Los locales son los mismos desde hace más de cien años, las estanterías son de época y muchos de los textos que hay expuestos tienen un enorme valor histórico, además de literario. Para entendernos: ahí dentro se encuentra lo mejor de la literatura catanesa y el mobiliario no ha cambiado desde entonces. Vale, no será sentarme en el mismo sofá de Vitaliano Brancati lo que me convierta en un intelectual brillante, pero tal vez ayude un poco.

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