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Las «échoppes» bordelesas

La vivienda bordelesa suele ser diferente de lo que se imaginan los viajeros a raíz de las guías turísticas. Al explorar la ciudad se constata que, en los barrios donde realmente residen los bordeleses, las calles están repletas de casitas típicas, las «échoppes».

A diferencia de los inmuebles nobles cuyas fachadas bordean los muelles dieciochescos que dan fama a la ciudad de Burdeos, las «échoppes» tienen un lado modesto que me resulta emocionante. En Burdeos, la palabra «échoppe» no significa tiendecilla (su acepción francesa habitual), sino que hace referencia a estas casitas humildes antaño ocupadas por trabajadores. Además, se construyeron durante el siglo XIX.

La «échoppe» bordelesa obedece a ciertas reglas arquitectónicas: es de piedra y de una sola planta. Puede ser sencilla o doble. La «échoppe» sencilla tiene un pasillo lateral y una o dos ventanas en la fachada, mientras que la «échoppe» doble se distribuye en torno a un pasillo central. Las «échoppes» a veces se suceden a lo largo de la calle, pero también pueden intercalarse entre inmuebles más altos, lo cual crea un efecto algo cómico.

Por lo general, su superficie oscila entre 60 y 80 m². De acuerdo con su configuración, la «échoppe» consta de tres salas consecutivas; la central es algo oscura, pues carece de ventanas. Tradicionalmente incluye un patio o pequeño jardín en la parte trasera. Sin lujos.

Y a pesar de esta exigüidad y de la estandarización de los planos de estas casas, lo que me impresiona es que sus propietarios a menudo les han dado un toque personal para diferenciar su «échoppe» de la del vecino de al lado. Así que siempre recorro las calles en busca de un pequeño detalle esculpido en la piedra. A menudo se trata de un motivo, como por ejemplo una hoja de acanto sobre la puerta, tan solo para dar algo de relieve a la fachada.

Pero también observo guirnaldas de flores que realzan un dintel, ramos o cestas de frutas sobre las ventanas, jambas en relieve, columnas que bordean puertas y ventanas… La escasa superficie de estas fachadas no impide los destellos de fantasía, a los que soy especialmente sensible. Incluso descubrí en la calle Guillaume Leblanc una «échoppe» de estilo Art Nouveau profusamente decorada con flores, en los arcos redondeados de las ventanas y de la puerta de entrada. Una pequeña maravilla. Cuando visito este barrio, siempre me desvío para ir a contemplarla. A veces me acompañan amigos, que quedan inevitablemente deslumbrados ante tal abundancia.

En la actualidad las «échoppes» son muy codiciadas. Muchas veces, sus nuevos propietarios únicamente preservan la fachada; derriban los tabiques, amplían sobre el jardín y construyen un piso adicional sobre el techo. La gran cantidad de «échoppes» presentes en el territorio de Burdeos explica que la ciudad se desarrollara como una yuxtaposición de casitas.

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