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La vida de Giacomo Casanova

Una visita a un museo único en el mundo que, a través del retrato de la sociedad del siglo XVIII, nos conduce por la vida y obra del personaje veneciano más famoso.

No existe ningún otro personaje que haya nacido y vivido en Venecia como Giacomo Casanova, conocido en todo el mundo y al que acompaña una fama perpetua que sigue generando interés.

En el nuevo museo Casanova, ubicado en el Palacio Papafava, se ilustra su vida: mientras sube los escalones, el visitante ya empieza a sumergirse en el siglo XVIII veneciano y, si deja volar un poco la imaginación, podrá verse rodeado de nobles y adinerados mercaderes con sus damas, todos ellos vestidos con ropas brillantes de damasco y sedas preciosas, ascendiendo también por esa misma escalinata.

Una sociedad, aquella del siglo XVIII veneciano y europeo, cuya esencia puede captarse al recorrer las salas del museo y observar las reconstrucciones de los ambientes en los que se desenvolvía nuestro carismático personaje.

Una historia, aquella de su tumultuosa y fascinante vida, a caballo entre amoríos y juegos de azar, amistades poderosas y poderosos enemigos, que lo llevó primero a los calabozos del Palacio Ducal y, luego, tras una rocambolesca fuga, a deambular por las cortes y las ciudades más importantes de la época: Viena, París, Moscú, Madrid o Barcelona.

Casanova era un hombre de su tiempo, culto y refinado, aventurero y espía, seductor y jugador empedernido, aunque también literato y estudioso.

Por todo esto, el personaje, su vida y sus romances fueron los protagonistas de diversas películas —la primera de 1934 y la última de 2005—, que ocupan también una sala del museo.

A través de la exposición de imágenes, ilustraciones y pequeños objetos cotidianos de la época, el visitante puede hacerse una idea de la vida del personaje e, incluso, gracias a la tecnología, convertirse durante unos minutos en el propio Casanova.

Un visor de realidad virtual disponible en una de las salas permite sumergirse en la Venecia del siglo XVIII y rodearse de bellas damas y amigos que acuden a saludar para, de este modo, vivir en primera persona instantes de la vida de Casanova.

Una experiencia divertida e inolvidable para cualquier visitante, quien gracias a la disponibilidad de guías en diez idiomas, no querrá abandonar este museo para regresar a la época actual. Un visitante que agradecerá a Casanova el buen rato que le ha hecho pasar y que, quizás, se marche con un poco de envidia por su fascinante vida.

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