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La Torre Bretaña de Nantes

Al llegar a Nantes, es imposible no fijarse en la Torre Bretaña. Se trata del exclusivo rascacielos nantés, que cumplirá 40 años en noviembre de 2016. Y aunque actualmente no podríamos concebir la ciudad de Nantes sin ella, la Torre Bretaña se consideró durante mucho tiempo como un mero capricho urbanístico… A mí siempre me ha parecido el faro de la ciudad… ¡y de mi vida!

Cuando entramos en la plaza Bretaña, hasta el pie de la torre, tenemos la impresión de haber viajado en el tiempo. ¡Chas! ¡Estamos en los años 70! La arquitectura del barrio data de la posguerra, sobre todo del periodo que siguió a los bombardeos de Nantes. ¡Sin duda es por eso que este barrio recuerda en cierto modo a Manhattan! En cualquier caso, cuando yo era pequeña, la Torre Bretaña era mi distrito empresarial particular, en el que me imaginaba, con el maletín bajo el brazo, ascendiendo a la planta 20ª cada mañana para ir a la oficina.
Pero 10 años después, en vez de trabajar en la Torre Bretaña, me mudé a dos pasos de ella. Y a la hora de volver a casa, por la noche, después de jornadas estudiantiles interminables, ¡este faro urbano era mi referencia!

Como todo faro bretón que se precie, la Torre Bretaña está a merced del viento. En la plaza en la que se instaló, en noviembre de 1976, ¡siempre hay corriente de aire! La plaza maldita para los peinados, ¡pero fantástica para ver escenas dignas de Con faldas y a lo loco!
Desde 2012, la Torre Bretaña da cobijo a un nuevo inquilino… No es una gaviota ni un cormorán, ¡sino una garza colosal cuyo nido se encuentra en lo alto de la planta 32ª!
El ascensor nos permite desplazarnos hasta la cima de la Torre Bretaña, donde se oculta el nido. Podemos acurrucarnos en uno de los taburetes con forma de huevo, saborear un zumo ¡y contemplar las vistas panorámicas de Nantes! Desde los 144 metros de altura de la Torre se desvela la ciudad. Se distinguen los barrios, los tranvías y los transeúntes que deambulan por las calles. Se busca el castillo (no tan fácil de ver). Se toman fotos del atardecer, selfis con el barrio como telón de fondo. Se aprecian las dimensiones de Nantes, ¡y también que exista el faro, para poderla ver desde lo alto!

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