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La Festa dei Morti de Catania: antiguas creencias y tradiciones arraigadas

En varios puntos del planeta existen fiestas y tradiciones ligadas al culto a los muertos, que los conmemoran y recuerdan, como ocurre en el Día de Muertos en México.

También en Italia se honra a los difuntos de distintas maneras. En Catania, la «Festa dei Morti» cuenta con una serie de tradiciones que a menudo resultan muy distintas de las que encontramos en otras partes del mundo e incluso de la propia Sicilia.

Pese al claro componente nostálgico, la Festa dei Morti de Catania también supone una auténtica fiesta, con regalos, dulces típicos y mercadillos.

Se trata de una festividad de origen antiguo y claras raíces paganas. El cristianismo la adoptó en torno al siglo X, pero su historia se remonta mucho más atrás en el tiempo. Los antiguos romanos ya celebraban los Parentalia entre el 13 y el 21 de febrero, mientras que los celtas entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre festejaban la Noche de Samhain, dedicada a todos los muertos y almas.

En la actualidad, en Catania la Festa dei Morti, celebrada el 2 de noviembre, disfruta de una gran popularidad e incorpora tradiciones que también encontramos en otras localidades sicilianas, como la de regalar dulces o juguetes a los niños y organizar ferias.

La tradición de hacer regalos a los más pequeños y decirles que son de parte de un pariente fallecido es muy antigua. Está vinculada a una vieja historia: el hijo más pequeño de un hombre que dejó su casa para ir a buscar trabajo contrajo una enfermedad incurable y la madre avisó al padre, que enseguida se puso en camino para volver a casa.

Al no poder permitirse un carruaje, decidió viajar a pie, incluso de noche, para llegar lo antes posible y poder pagar, con el poco dinero que le quedaba, las caras medicinas que necesitaba el hijo. Después de una jornada de viaje, pasó por delante del cementerio. Era el uno de noviembre. Acordándose de su propio padre fallecido, aprovechó para hacerle una visita y pedirle que velara por su nieto gravemente enfermo. A los pies de la lápida encontró un soldadito de madera y se lo guardó en el bolsillo para regalárselo a su hijo.

Cuando, de noche, llegó a casa, abrazó a sus hijos, a su mujer y regaló al pequeño enfermo el soldadito de madera. Era la noche del 1 de noviembre. El niño siguió durmiendo con su juguete y cuando llegó la mañana se levantó completamente curado. Como recuerdo de esta historia, cada año los cataneses regalan juguetes a los más pequeños.

También el aspecto enogastronómico es muy importante: entre los dulces de la fiesta encontramos los típicos Ossa dei morti o huesos de los muertos, galletas dulces y especialmente duras, y Rame di Napoli, galletas de chocolate con un interior blando.



Las tradiciones paganas y cristianas se entremezclan y en Catania se transforman en una fiesta única, muy querida por la población y una manera de recordar a los seres queridos fallecidos, sentirlos cerca y mantener vivo su recuerdo entre las nuevas generaciones.

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