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La Base submarina de Burdeos

Indestructible y frágil a la vez, la Base submarina de Burdeos es un recuerdo de la Segunda Guerra Mundial. Convertida en un lugar de vocación cultural, aún no ha encontrado su ritmo ni su modo de funcionamiento. Pero ya solo el edificio es fascinante y cuenta un fragmento de la historia de Burdeos.

Gran casco de hormigón oscurecido de 43.000 m², al borde de los estanques flotantes relacionados antiguamente con la actividad del Puerto de Burdeos  y alimentados por el agua del río Garona, la Base submarina de Burdeos parece encerrar secretos. Tengo que decidirme a ir un día, porque se encuentra en un barrio de la periferia de Burdeos, Bacalan, que no siempre tiene buena reputación, pero que no es peligroso.

La Base submarina fue construida por la Organización Todt  entre 1941 y 1943 recurriendo a la mano de obra de los refugiados españoles y del servicio de trabajo obligatorio (STO) con el fin de albergar y reparar los submarinos de la armada alemana que remontaban por el Garona desde el Atlántico y el estuario de la Gironda. El lugar, rodeado de tabús durante años, se presta a todo tipo de fantasmas. Ya cuando iba al instituto y la Base estaba cerrada, algunos amigos alardeaban de escalarla y visitarla a escondidas por la noche para llevarse algún que otro susto.

Ahora, aunque se puede explorar cuando acoge exposiciones, la Base submarina conserva su misterio. Penetro en ella con la sensación de entrar en otro universo, el ruido de la ciudad a su alrededor deja de ser perceptible, la luz natural es escasa.

Me paseo por las pasarelas que atraviesan el agua sombría de las cavidades por las que se deslizaban los submarinos. Circulo por los caminos de hormigón que separaban unas cavidades de otras. He visto en las paredes consignas escritas en alemán prácticamente borradas o restos de materiales de reparación.

En la penumbra, las paredes y sus aperturas se reflejan en el agua y crean perspectivas sorprendentes. En el silencio, oigo el más mínimo ruido, el zumbido de las alas de las palomas que se han instalado allí, la carrera furtiva de los gatos que han encontrado refugio en este lugar sin normas y las gotas de agua de las infiltraciones que golpean el suelo. Y es que, con su techo de hormigón más de 9 metros de espesor para protegerla de los bombardeos, la Base submarina ha resistido a los ataques humanos y parece invencible.

Pero el tiempo ha dejado su huella. De las once cavidades en las que se alojaban los submarinos U-Boote, solo seis están abiertas porque las demás están en muy mal estado.

La estructura sigue siendo sólida, pero las infiltraciones dejan pasar el agua y los herrajes están carcomidos por el óxido, el hormigón se deshace o se granula. Testigo de un pasado doloroso y no tan lejano, la Base submarina, que va a ser reformada, ofrece un marco fuera de lo común para proyectos culturales innovadores.

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