cta_-street-food

La auténtica street food

El dialecto siciliano es una lengua extremadamente fascinante, principalmente por su capacidad de evocar imágenes familiares, asociándolas a significados inesperados. El proverbio «cu mancia fa muddichi», por ejemplo, se traduce como «quien come suelta migajas». Es una forma como cualquier otra para explicar que quien tiene boca se equivoca. Pero siempre es mejor equivocarse por acción, que no equivocarse por omisión.

Una filosofía con la que me identifico totalmente, y que describe en parte el espíritu dinámico y emprendedor de los catanesi (habitantes de Catania). Uno de los motivos por el cual el proverbio «cu mancia fa muddichi» me gusta tanto es porque habla de comida, aunque sea de forma metafórica. Y la comida, para quien vive a la sombra del Etna, es algo con lo que no se bromea.

La revitalización de la street food es tendencia en los últimos años. La comida a pie de calle se ha transformado en una experiencia sensorial, realizada por grandes y distinguidos chefs. En Catania se reinterpreta esta forma de cocina en las mesas de los restaurantes, y, pese a que abundan las versiones, a los catanesi les sigue gustando más soltar las migajas en la calle. En la capital del Etna la ruta de la street food es una experiencia culinaria de 360 grados y puede estar seguro de que no deja hueco en el estómago. Es cierto que para vegetarianos y veganos hay menos opciones, pero aun así existen propuestas para todos los gustos. El tema económico es algo que ni siquiera se plantea. La comida en la calle está concebida para ser barata, y con pocos euros se puede disfrutar de una colmada pitanza. ¿Qué es lo que no deberíamos dejar de probar?

Su majestad el arancino

En Catania es masculino y es el auténtico. En Palermo es femenino (arancina) y pretende ser una versión más sofisticada. Nosotros lo preferimos estofado, con unos buenos trozos de carne de vacuno y cocido en su salsa con guisantes. Casi no hace falta explicar que se trata de una albóndiga de arroz empanada y frita. La textura crujiente de la cobertura es garantía de calidad y además con la cocción del arroz no es fácil atinar. Los granos deben quedar bien enteros porque de lo contrario se pierde la mitad de su sabor. ¿Cuál es el más famoso? El arancino de Savia, el histórico bar de la Via Etnea, frente a la Villa Bellini. Es una visita obligada. ¿La alternativa vegetariana al estofado? El arancino alla catanese: tomate, berenjena frita y ricotta salata. También se recomienda probar el arancino al pistacho de Bronte.

La carne de caballo

Para los catanesi es una especie de institución. Se come en restaurantes tradicionales y en carnicerías que permanecen abiertos durante la noche y encienden sus braseros para cocinar la carne en medio de la calle, en Via Plebiscito. Es un espectáculo, sin duda, colorido que tiene cabida en las principales guías turísticas de la ciudad. Yo además propongo otra alternativa: en la zona del Castello Ursino, a pocos pasos de la Piazza del Duomo, hay un montón de restaurantes con mesas al aire libre y que sirven buena carne. Y es menos caótico y más familiar que Via Plebiscito. Hay que probar sin falta la cipollata (tocino envuelto en un tallo de cebolleta fresca) y las albóndigas de carne de caballo, además del clásico escalope llamado fettina. ¿La alternativa vegetariana? La ensalada de la abuela: buen aceite, tomates de Pachino, cebolla roja de Tropea y, para quien quiera, además ricotta salata. La salsa del aderezo se rebaña religiosamente con un buen trozo de pan casero.

La morcilla

Se puede decir más alto pero no más claro: se trata sangre de cerdo embutida dentro de la tripa del cerdo. En el dialecto lo llamamos sangele y se asemeja a una salchicha, pero con una forma más regular. Yo no la había probado nunca en Catania hasta que la pedí en una versión transalpina mientras estaba de vacaciones en Lyon, gracias a mi ignorancia de la lengua francesa. Cuando me trajeron el plato pensé en devolverlo, pero al final decidí probarlo y me pareció suculento. En Catania se suele comer a menudo en la calle, en Via de la Concordia. O también en la Pescheria, el histórico mercado de pescado que abre sus puertas cada mañana cerca de la fontana dellAmenano de la Piazza del Duomo. ¿La alternativa vegetariana? En este caso no existe. Con frecuencia los que venden morcilla también despachan un poco de vino para passare la bocca, es decir, para limpiar el paladar del intenso sabor del plato. El vino en cuestión es el zibibbo, un vino de licor un poco dulce. A mí personalmente me encanta.

La cipollina

Es un hojaldre relleno de cebolla caramelizada, tomate y mozzarella. A veces lleva solo estos ingredientes y es en sí mismo un buen plato también para el que no come carne. Otras veces, en cambio, al relleno además se le añade jamón prosciutto. Existen otras versiones apócrifas en las que el rollo de masa se rellena con cebolla y champiñones, o con cebolla, aceitunas y espinacas. Las posibilidades son infinitas y todas son respetables, aunque el sabor de la tradición es muy difícil de superar. ¿Dónde probarla? En el Laboratorio de Via Napoli, un lugar imprescindible en la tarde noche de los catanesi con denominación de origen. Una buena noticia es que desde hace un tiempo se ha ampliado este local y ha creado además una sección para celíacos. Se trata de un rincón muy popular. Hay quien dice que es el mejor sitio donde tomar un refrigerio (la cipollina se sirve en un pezzo, es decir, en porciones) sin ni siquiera darse cuenta de que no hay gluten de por medio.

Escribe tu comentario

Compartir


Comentarios

Todos los campos son obligatorios

Tu experiencia es muy valiosa para otros viajeros. ¡Muchas gracias!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Algunos rincones similares


Más rincones de Catania