FACHADAS-ADORNADAS-BORDALESAS_CORNER

Fachadas adornadas bordelesas

Toda ciudad se expresa a través de su arquitectura y Burdeos no es una excepción. Tiene sus códigos, que es interesante conocer para no obviar sus especificidades.

Burdeos no sería Burdeos sin su arquitectura dieciochesca, sus edificios clásicos en piedra rubia, sus muelles y su Sector Salvaguardado. Este patrimonio es uno de los principales puntos destacados de Burdeos, que le valió, en gran parte, la catalogación de la UNESCO. Por falta de tiempo, muchas veces no aprecio este marco excepcional en su justa medida. No obstante, cuando me es posible, ralentizo el paso para observar los detalles con toda tranquilidad.

Los mascarones son, sin duda, los elementos decorativos más fáciles de detectar, situados sobre las ventanas cuyo arco subrayan. Esculpidos en la piedra, suelen representar el rostro de un hombre o una mujer, a veces sobre un fondo de conchas o de hojarasca. Estas representaciones rememoran la mitología: Zeus y Baco son evocados con frecuencia. Algunos sátiros se extienden sobre las fachadas, y están también los grotescos, una especie de monstruos, que siempre resultan. Me encantan los leones, que rugen con la dentadura bien visible. Estos mascarones aparecen en múltiples variaciones y son muy numerosos, puesto que al ser adornos de tamaño reducido, eran menos costosos.  Florecieron en el siglo XVIII, su gran época. Además, el intendente Tourny, responsable de la ordenación de Burdeos en aquella época, los fomentaba. Otros más recientes, que datan del siglo XIX, no son más que copias. Sin embargo, mi satisfacción no se ve mermada. Los mascarones, cincelados con mayor o menor finura sobre la piedra, por lo general están bastante bien conservados. Algunos hay que han perdido la punta de una oreja o de la nariz por culpa del granizo o del hielo y no se han sometido a una operación de cirugía estética.

Otro complemento de los inmuebles bordeleses es el hierro forjado. Lo he podido observar en el hueco de la escalera de hoteles como el Boyer Fonfrède, el cual un día visité. Lo construyó el arquitecto Victor Louis, autor del Gran Teatro de Burdeos, en la esquina de la calle Chapeau Rouge con la plaza Jean-Jaurès. El hierro forjado que hace de rampa destaca con gran elegancia el movimiento en espiral de la escalera. Lamentablemente, no puedo adentrarme en todos los inmuebles particulares, pero me fijo en las repisas de las ventanas y las barandillas de los balcones. ¿Mis preferidos? Los balcones con voladizo cuya curvatura encaja con las volutas y los arabescos presentes en los motivos del hierro forjado.

Por último, busco con obstinación y perseverancia las aldabas.  Cuanto más voluminosas, más hermosas son. Los ferreteros que las forjaban podían dar rienda suelta a su vena creativa. Por desgracia, veo que cada vez abundan menos. Algunas han sido robadas; otras, desmontadas por el propietario para evitarlo.

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