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Escalera Contarini del Bovolo

En todas las ciudades hay lugares unidos a hechos del pasado que, muchas veces, generan leyendas o anécdotas en las que a menudo la realidad y la fantasía se confunden.

Venecia no es la excepción y en muchos de sus lugares conocidos, o menos conocidos, han surgido historias y leyendas que han llegado hasta nuestros días de forma oral o recogidas por algún curioso narrador y cronista del pasado.

Un lugar escondido, con un sabor mágico e inesperado, aguarda en el centro de la ciudad a pocos pasos de Rialto y la Piazza San Marco. Se accede a él por una estrecha calle que desemboca en una pequeña plazoleta en la que se puede contemplar la conocida como Escalera Contarini del Bovolo, abierta hace poco al público tras las obras de restauración.

Hasta hace poco se podía ver solo desde fuera, pero ahora se puede subir por sus escalones llegando hasta el mirador, desde donde se ve un maravilloso paisaje de los tejados de la ciudad a casi 30 metros de altura.

Esta escalera de caracol externa al palacio, cuyo nombre en dialecto veneciano “bovolo” significa precisamente caracol, fue construida por orden de Pietro Contarini a finales de 1400.

Y su realización, un añadido al ya existente palacio, no tenía ningún motivo práctico sino principalmente el objetivo de embellecer la residencia de la familia noble veneciana de los Contarini. Precisamente esta falta de funcionalidad estimuló la fantasía popular, aduciendo alguna anécdota sobre el porqué de su construcción.

Una de ellas cuenta que el noble, jugador empedernido de juegos de azar, actividad muy de moda en la Venecia del pasado, lo había perdido todo y para hacer frente a las deudas había vendido el palacio, quedándose únicamente con la última planta. Para poder acceder a ella, hizo construir esta escalera externa.

En cambio otra cuenta que el noble señor era un gran libertino y para entrar y salir del palacio sin ser visto ni oído por su esposa, ideó esta escalera.

Sean ciertas o falsas estas viejas historias, queda el hecho de que hoy podemos disfrutar de esta obra de arte arquitectónica, una mezcla de estilos entre el renacentista, el gótico y el véneto-bizantino, que aparece de repente dejándonos atónicos con su belleza, tal vez como el propio Pietro Contarini quería.

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