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El teleférico de Verona

No faltan motivos para considerar la colina de San Pietro como uno de los destinos que ningún visitante de Verona se puede perder y es que aquí se encuentra uno de los monumentos más bellos de la ciudad: el teatro romano, que se puede visitar en el contexto de un renovado museo arqueológico. Con sus cipreses, sus escalinatas y sus viviendas ancladas, es uno de los lugares más espectaculares y fotografiados. Desde la cima de la colina, donde se encuentra la gran terraza de Castel San Pietro, se puede disfrutar de uno de los panoramas más hermosos de Verona: el río Adigio dibujando su meandro, el centro histórico con su entramado geométrico de calles y los campanarios sobresaliendo.

Se ha añadido recientemente un motivo más para visitar la colina: la apertura –o mejor dicho, la reapertura– del nuevo «teleférico». Los veroneses lo llaman así, aunque no se trata de una instalación con cable sino de una cremallera que, en una rápida subida de menos de un minuto (con un coste de dos euros ida y vuelta), permite subir a la cima de la colina sin tener que soportar la fatiga de una escalinata tan empinada como pintoresca, que se despliega entre casas de época, jardines bien cuidados y ruinas romanas. Pongámonos en situación: en esos días de calor insoportable, con el sol recalentando la cabeza, las piernas pidiendo un poco de descanso por el cansancio acumulado y la camisa luchando por no acabar bañada en sudor, el teleférico es la alternativa perfecta para descubrir uno de los lugares más bonitos de Verona.

Quedan ya pocas personas que recuerden la primera inauguración del teleférico de Castel San Pietro. Fue un debut desafortunado para una obra que ya por entonces se había concebido para valorizar desde el punto de vista turístico una de las principales atracciones de la ciudad. Se empezó a hablar de ello en los años treinta del siglo XX, la construcción empezó en 1939 y se culminó con la apertura al público en 1941. A decir verdad, no era el mejor momento para relanzar la oferta turística de la ciudad. La Segunda Guerra Mundial estaba sacudiendo Europa y, con ella, Italia. En 1944 la aventura ya se podía considerar cerrada. El teleférico se desmontó, el lugar fue invadido por la maleza y no se volvió a mencionar durante décadas.

Hay que esperar hasta la década de 2010 para que se empiece a hablar de nuevo del teleférico, se consiga el dinero para reconstruirlo, se reelabore el proyecto y las obras. Por fin, a mediados de 2017, el teleférico vuelve a abrir. Se encuentra más allá del puente Pietra, no siendo visible inmediatamente: hay que recorrer un tramo de vía Santo Stefano antes de dar con él en una plazoleta a la derecha, con un edificio nuevo y todo para la taquilla.

Como ya hemos dicho, el teleférico es ahora una buena oportunidad de descubrir la belleza de la colina de San Pietro. El teatro romano, que pertenece al siglo primero después de Cristo, es todavía hoy uno de los principales enclaves para espectáculos en directo de la ciudad (después de la Arena, obviamente): prosa –sobre todo Shakespeare–, música, danza. Y no son pocas las cavidades de la colina desde las que se puede echar un vistazo sin pagar la entrada. Ver para creer: solo hay que pasear por esas zonas en una noche de concierto para ver grupitos de personas posadas en escaleras y balaustradas. Además, cuando hay espectáculos, la calle de delante de la colina está cerrada al tráfico: una buena oportunidad para disfrutar de un paseo por el Adigio, tal vez recorriendo la calle San Giorgio junto al río, que se ha pavimentado hace poco (y que es única y exclusivamente peatonal).

Unido al teatro romano está también el museo arqueológico, también renovado recientemente, que permite descubrir de cerca el que fue el primer núcleo fundador de la ciudad, antes incluso del nacimiento de la ciudad romana. Evidentemente, la visita no estaría completa sin asomarse a la terraza sobre la cima de la colina para sacarse un selfie con la ciudad de fondo. Y después, con el teleférico, se vuelve abajo en menos de un minuto.

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