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El arte oscuro, una tradición bordelesa

Como buena provinciana apasionada por el arte en todas sus formas que soy, siempre he sentido atracción por las grandes exposiciones que se celebran en París o en el resto de Europa. Sin embargo, nunca pierdo de vista todo lo que se cuece por Burdeos. En especial, me gusta la exposición que existe actualmente sobre Philippe Mohlitz, un artista que ha pasado toda su vida en Burdeos.

Es bastante inusual poder ver una exposición dedicada a un artista que todavía sigue vivo. Sin embargo, el Museo de Bellas Artes de Burdeos acoge hasta el 4 de junio una retrospectiva sobre Philippe Mohlitz, un artista nacido en 1941 que ha desarrollado toda su carrera en esta ciudad. Se trata de un hombre discreto al que no le gusta hablar de sí mismo. Mohlitz prefiere manifestarse a través de sus grabados, el estilo artístico con el que ha elegido expresarse. Aunque ya conocía su trabajo, la visita a esta exposición me ha servido para zambullirme todavía más en su universo. Philippe Mohlitz. Pilleur de rêves es el título con el que se ha bautizado la exposición de este «ladrón de sueños» del grabado con cincel. Detrás de ese hombre un poco arisco al principio, se esconden la finura de su trazo y todo género de fantasmagorías. Philippe nos arrastra a un mundo donde lo extraño no es la excepción, sino la norma.

El gusto por el detalle

Lo que me fascina de Philippe Mohlitz es su imaginación y su predilección por lo fantástico, que plasma en arquitecturas del estilo de Piranesi, en paisajes exuberantes, en máquinas extraordinarias, o que representa a través de personajes extraños y delirantes. Muy sorprendente es su obra Lapin sur la ville (Conejo sobre la ciudad), de 1979, en la que se representa un conejo desollado cuyo cuerpo envuelve una ciudad: Burdeos. El nivel de detalle es tan sublime que los visitantes tienen a su disposición una lupa para poder apreciarlo. Personalmente, he descubierto esculturas de bronce y de plata del artista, unas obras únicas tanto por su complejidad y su precisión como por su dificultad de reproducción.

Una estirpe de artistas del grabado en Burdeos

Philippe Mohlitz no es el único grabador célebre de Burdeos. El famoso pintor español Francisco de Goya (1746-1828), autor de aclamados cuados y de la serie de grabados en aguafuerte Los Caprichos, vivió exiliado en Burdeos desde 1824. Tras su fallecimiento en 1828, sus restos descansaron en primer lugar en el cementerio bordelés de la Chartreuse. En 1825, Goya creó cuatro litografías: Los toros de Burdeos. El inmueble en el que vivió el artista todavía sigue vinculado a España, puesto que allí abrió sus puertas el Instituto Cervantes de Burdeos. Si continuamos con este repaso artístico de vertiente fantástica, el artista bordelés Odilon Redon (1840-1916) también ocupa un lugar destacado. Este creador me cautiva con sus «negros» oníricos y con sus penumbras de títulos evocadores: La araña sonriente, La flor del pantano u Ojo globo. También me ha conquistado el color y el encanto con los que inunda todo su universo a partir de 1890. Por último, me encanta sumergirme en las desconcertantes y cautivadoras litografías de Miguel Fraley, quien también vive en Burdeos y con cuya boina te puedes cruzar de vez en cuando.

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