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Un domingo en Nantes

Sin duda alguna, el domingo es mi día preferido. Es un día para ir con calma y pasarlo en familia.

Como muchos nanteses, el domingo por la mañana tendrás dos opciones para salir. La primera es ir al gran mercado de Talensac. Me encanta el ambiente bohemio-burgués que se respira en los pasillos de este pintoresco mercado. En su interior están presentes los mejores artesanos gastronómicos: los chocolates de Vincent Guerlais, los quesos de Beillevaire, el marisco, que nos recuerda que Nantes está a menos de una hora del océano, o incluso la fruta y la verdura recogida en sus alrededores (canónigos, rábanos, peras, fresas, manzanas…).

Cuando nos da pereza ir hasta Talensac, en el centro de la ciudad, nos quedamos en el barrio, donde se instala un vendedor de ostras todas las semanas. A dos pasos de este puestecito provisional, nuestro bodeguero nos ofrece un Muscadet: es el maridaje ideal para un domingo. Aprovecha para comprar una buena baguette, ya que estás en Francia, y algunos dulces para la merienda (y rematar, así, este domingo en familia). También nos encanta reunirnos con amigos para tomar el brunch en un lugar emblemático de Nantes: el antiguo Palacio de Justicia, reconvertido hoy en día en un elegante hotel de lujo. El bar y el restaurante de este palacio están abiertos para los nanteses. Siempre salimos encantados, tanto por el abundante brunch como por el excepcional decorado.

En invierno, cuando los niños terminan de dormir la siesta, vamos a alguno de los muchos parques de Nantes. Los niños juegan, corren y ríen, mientras que nosotros les hacemos fotos. Mi parque preferido es uno de los más floridos de Nantes. En su interior hay una rosaleda increíble, a orillas del río Erdre. ¡Cada domingo es distinto! En primavera, las máquinas de la isla se despiertan. Mi pequeño Lu sólo quiere visitar a “su” elefante. Aprovechamos para dar una vuelta por la biblioteca, caminar hasta el hangar de plátanos y merendar en una terraza frente al Loira. Por la tarde, nos dejamos llevar hasta que se pone el sol.

En verano, ni una cosa ni la otra: nos vamos en coche o en tren a pasar el día junto al mar. A 45 minutos nos esperan las primeras playas de Loira-Atlántico. Nos llevamos un picnic, juguetes de playa, la toalla y un buen libro.

¡Las horas pasan volando en Nantes los domingos!

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