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Descubre los rincones más bonitos del centro de Verona

Hace algunos años, se ambientó en Verona una película de Hollywood inspirada –no hay necesidad ni de decirlo– en el mito de Romeo y Julieta. Los escenógrafos, en el momento de buscar en el centro histórico de la ciudad una ubicación adecuada para grabar las escenas, dieron con una plazoleta poco conocida para el gran público, arrinconada entre dos callejuelas, pero bien conocidas por los veroneses por lo menos porque en ella están, desde hace décadas, dos restaurantes históricos de la ciudad, el Campidoglio y el 12 Apostoli. La plazoleta es especial porque dan a ella varios edificios de distintos estilos arquitectónicos y diferentes colores, con balcones bien cuidados y decorados con plantas, el suelo adoquinado y las farolas de hierro forjado: a los ojos de los productores de Cartas a Julieta (nombre de la película), la Piazzetta Tirabosco simbolizaba la imagen más bonita y auténtica de Verona (y, más en general, de Italia).

Reflexiono a menudo, al pasar por ese lugar que para mí es tan familiar, qué puede querer decir verlo por primera vez, dando con él de casualidad y sin expectativas. Pero la cosa es que la Piazzetta Tirabosco es solo uno de los muchos rincones que pueden provocar la misma sensación, esa que te deja con la boca abierta porque no te esperas que, después de ese callejón, más allá de aquel pórtico, se pueda ocultar tanta belleza.

Siempre he pensado que la mejor forma de explorar una ciudad es olvidarse de los itinerarios preestablecidos y perderse en sus recovecos, dejando a un lado los mapas y los navegadores, y guiándose por la intuición y la casualidad. La mayor parte de los turistas de Verona orbitan entre Piazza Erbe y Piazza Bra, recorriendo vía Mazzini, la calle de las compras en la que se encuentran las boutiques de las marcas más famosas. Solo hay que desplazarse unos pocos metros para encontrar tranquilidad, paz y rincones de la ciudad aún por descubrir.

Entre mis preferidos está el antiguo gueto judío que se encuentra, precisamente, entre vía Mazzini, vía Pellicciai, vía Quintino Sella y Piazza Erbe. La comunidad judía veronesa fue confinada aquí a partir del siglo XVI y hasta la conquista de la ciudad por parte de Napoleón Bonaparte en 1797. Minúsculas callejuelas se entrecruzan en un laberinto de recorridos. Y precisamente aquí se encuentra la sinagoga, diseñada por el arquitecto Ettore Fagiuoli. A pesar de que Verona es famosa por sus iglesias, este edificio me parece precioso: es de estilo art decó (y, por lo tanto, alejado de los rasgos medievales y renacentistas típicos del centro de Verona y su fachada monumental parece una escenografía teatral.

Se tarda un momento en llegar desde el viejo gueto a la piazzetta Tirabosco, de la que he hablado antes. Hay que subir las escaleras de vía Pellicciai y, desde la piazzetta, se llega fácilmente a corso Portone Borsari (el antiguo decumano de la ciudad romana), a donde da otro de mis lugares favoritos del centro de Verona: corte Sgarzerie. Cualquier guía turístico conoce bien su historia: en la Verona del Medievo la elaboración y el comercio de la lana era una de las principales actividades económicas y la corte era el corazón palpitante de artesanos y comerciantes del sector. Y aquí se encuentra también una de las áreas arqueológicas romanas más bonitas y sugerentes de Verona. En cambio para mí, corte Sgarzerie es sobre todo un lugar de contemplación. Domina la plazoleta la gran galería (solo ocupada en parte por la terraza de una taberna) en la que, si te dejas llevar por la fantasía, te puedes imaginar de verdad el gran mercado de tejidos que hubo hace un tiempo.

A un lado de la corte se encuentran pequeños pórticos, tan pequeños que parecen galerías secretas, que desembocan en el barrio Carega, uno de los pocos barrios del centro histórico de la ciudad que ha mantenido su carácter originario. Sus habitantes son celosos de las tradiciones, de sus personajes de Carnaval y de sus fiestas en la plaza. El corazón del barrio es la taberna homónima a la que siempre llevo sin falta a mis invitados. Sentados al aire libre, en bancos de madera en una plazoleta estrecha y recogida, miro a mi alrededor y pienso en mi buena suerte: haber nacido precisamente aquí.

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