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Cuando Verona era la frontera del Imperio Austriaco

Ciudad romana, medieval, veneciana, renacentista. Todas estas influencias contribuyen a convertir el centro de Verona en uno de los patrimonios protegidos por la Unesco, aunque fue la más reciente herencia austriaca la que dio a la ciudad la configuración definitiva que tiene hoy.

A partir de 1796, el ejército francés y el austriaco se enfrentaron varias veces entre Verona y sus alrededores. Después de una sangrienta batalla, Napoleón entró en la ciudad (en la pared del Palazzo Forti hay una placa que demuestra su estancia allí), la conquistó en 1805 y la ocupó hasta que Verona fue asignada a Austria-Hungría en el congreso de Viena de 1815.

A partir de ahí, y hasta la anexión a Italia en 1866 con el plebiscito (los resultados «búlgaros» están citados aún hoy en la puerta del ayuntamiento en Palazzo Barbieri), Verona fue ciudad fronteriza del glorioso pero decadente imperio de los Habsburgo. Una fortaleza militar en una de las fronteras más conflictivas de la época.

Lo primero que hicieron los austriacos fue reforzar las fortificaciones, pertenecientes al dominio de la República de Venecia. Este es uno de los motivos por los que, aún hoy, las murallas de Verona, con sus puertas renacentistas, están tan bien conservadas. En la actualidad están cubiertas de un manto de vegetación y árboles y forman un anillo verde por el que los veroneses pasean, sacan a sus perros o salen a correr.

Los austriacos ampliaron la muralla de fortificaciones a las colinas del norte de la ciudad, que hoy todos conocen como «Torricelle», precisamente por las muchas torretas de guardia y los fuertes que se dispersan por ellas. Uno de los más bonitos y mejor conservados, desde el que se puede disfrutar de un precioso paisaje de la ciudad es el Fuerte Sofía, construido en 1837 y dedicado a la madre del futuro emperador austriaco Francisco José. Hoy está gestionado por una asociación de voluntarios que organiza visitas guiadas cada sábado.

El ejemplo más importante de arquitectura militar austriaca en Verona es seguramente el ex Arsenal, el más grande del mundo de su categoría después del de Viena (pero, en comparación con él, mucho más completo). Solo hay que mirarlo desde arriba para darse cuenta: la Arena cabría en él por lo menos tres veces.

El Arsenal es también uno de los grandes temas sin resolver del urbanismo de la ciudad porque se encuentra cerca del centro histórico (algo más allá del puente de Castelvecchio), encerrado por el meandro del río Adigio, y se necesita un montón de dinero para financiar los proyectos para su restauración.

Personalmente, a mí me encanta pasear por el Arsenal. Paso por allí a menudo porque es el camino más breve y cómodo entre el centro de la ciudad y el Borgo Trento. El hecho de que esté en estado de abandono sustancial, con algunas partes que literalmente se caen a pedazos, no influye en su encanto, es más, en algunos sentidos, lo aumenta.

Se compone de cuatro grandes patios principales, en torno a los cuales se articulan los edificios, recubiertos de vegetación, árboles y espacios abiertos en los que a menudo se realizan ferias, mercadillos, representaciones teatrales. Se puede explorar un poco como si se estuviera ante ruinas antiguas, aunque tiene menos de 200 años.

El palacete central, llamado «de control», es el que se encuentra en mejor estado de conservación y alberga una fascinante sección del museo de historia natural de Verona, la dedicada a la botánica, con uno de los herbarios más antiguos de Italia.

Justo fuera del Arsenal hay jardines bien cuidados, perfectos para hacer un picnic en un día de primavera, y una gran piscina de agua en la que los veroneses buscan algo de alivio al calor en los meses de verano.

Otra imponente construcción de la época austriaca es la expanadería militar Santa Marta. Se construyó en 1863 sobre los restos de un antiguo monasterio para hornear el pan y los bizcochos para los soldados austriacos que se guarnecían en la ciudad. Después de una cuidadosa operación de restauración, hoy alberga la facultad de economía de la Universidad de Verona: el edificio es tan bonito que casi me entran ganas de volver a estudiar.

En Santa Marta se puede visitar una pequeña exposición permanente, con interesantes fotos de época e información sobre la historia del complejo. Para no olvidar que Verona, hace tan solo 150 años, era principalmente un gran cuartel.

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