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Cinco iglesias de Verona con una atmósfera mística

Verona es una ciudad repleta de iglesias. La Wikipedia enumera al menos cincuenta tan solo en el centro y alrededores. Algunas son auténticas obras maestras arquitectónicas con importantes obras de arte en su interior, debidamente señaladas en las principales guías turísticas: el Duomo, la Basilica di San Zeno, Santa Anastasia y San Fermo. Junto a estas, hay más —poco conocidas incluso por los propios veroneses— donde se arraiga la profunda tradición cristiana de la ciudad. Son lugares inundados de un gran misticismo. No importa si se es creyente o no, es imposible quedar indiferente.

Sante Teuteria e Tosca. Es la iglesia más antigua de Verona y de todo el Véneto, consagrada en el año 751 a dos santas que hoy son prácticamente desconocidas. Se encuentra junto a la más reciente iglesia de los Santos Apóstoles, en una placita que hay detrás de Piazza Bra. La iglesia es muy pequeña y está parcialmente bajo el nivel del suelo: cuando bajamos los escalones parece que estamos entrando en una catacumba. Tiene una curiosa planta cuadrada con pilas de bautismo en el centro, en torno a las cuales tiene lugar el rito, posiblemente similar al que hacían los fieles durante los albores del cristianismo. Le tengo especial cariño a este lugar porque es donde bautizamos a mi hija.

San Procolo. Cuando todavía era un niño y me pasaba los días de verano jugando a la pelota en Piazza San Zeno, la iglesia de San Procolo (consagrada a uno de los primeros obispos de Verona) siempre estaba cerrada. Al lado derecho había una tienda, creo recordar que también había un cine; eso sirve para hacerse una idea de lo descuidada que estaba. Durante mucho tiempo me pregunté qué escondía aquella iglesia, cuyos orígenes se pierden en el periodo paleocristiano, con aquella fachada «pobre» a base de piedras y guijarros de río. Afortunadamente, una restauración la salvó del abandono, sacando a la luz incluso algunos frescos del siglo XII. La iglesia cuenta con una sola nave, pero la parte más interesante se encuentra bajo tierra: unos cuantos escalones conducen, de hecho, a una cripta que contiene en su interior los restos de una antiquísima necrópolis pagana. Es importante recordar que precisamente por aquí pasaba la antigua vía Gallica, una de las «autopistas» del Imperio Romano.

San Lorenzo Martire. La descubrí de pequeño, durante una excursión escolar, y desde entonces nunca la he olvidado. La característica que se me quedó grabada de esta pequeña iglesia medieval, entre el río Adigio y el corso Cavour (pero no se ve desde la carretera), es la presencia de matronei: se trata de arcadas, orientadas hacia la nave central y a las que se llega por las escaleras, que estaban reservadas exclusivamente a las mujeres durante la época durante la que, incluso en la iglesia, debían estar físicamente separadas de los hombres.

Santa Maria Antica. Se encuentra en el corazón de Verona, cerca de la Piazza dei Signori y detrás de los Arche Scaligere, donde se encuentran las tumbas de los señores de Verona, de los cuales era la capilla privada. Su origen remonta al año 1185, fue construida sobre los restos de una capilla longobarda del siglo VII de la cual solo ha quedado el pavimento a mosaico. El interior cuenta con tres naves, según el clásico estilo románico, la atmósfera es austera. Aquí, todos los años, se concentra el culto a Santa Rita. El 22 de mayo, desde las primeras horas del alba, los señores de Verona se detienen aquí para bendecir rosas y dirigir sus plegarias a la santa de los «casos imposibles».

San Rocchetto. Sobre las colinas de Verona hay una pequeña ermita que es un oasis de paz, silencio, tranquilidad y espiritualidad. Se llega solo a pie desde Quinzano o desde la iglesia de San Rocco, al pie del cerro. La subida es empinada, pero una vez que se alcanza la cima lo compensa con una gran vista de la ciudad. Es un contexto bucólico: prados verdes, parterres bien cuidados, olivos y vides. La pequeña iglesia, enmarcada por un pórtico, está decorada con un ciclo de frescos sobre la vida de San Rocco. Desde la capilla salen algunos senderos que permiten adentrarse y descubrir las colinas circundantes, donde los campesinos de la zona cultivan vides y olivos. Una inmersión en el pasado: ni siquiera parece que estamos a solo unos diez minutos de Verona.

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