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Cinco cosas para refrescarte en Verona en los días más calurosos

Durante el verano puede hacer muchísimo calor en Verona. El termómetro puede superar los 35 grados y, lo que es peor, el aire caliente que llega de África se carga de humedad y el bochorno es insoportable. Cuando esto ocurre, los veroneses huyen en busca de algo de refrigerio. Hay quien pone rumbo al lago de Garda para darse un chapuzón en sus aguas fría o quien se dirige a la montaña –la cadena del Baldo o la Lessinia–, donde las temperaturas, por el efecto de la altitud, bajan de forma considerable. Pero si no tienes más remedio que quedarte en la ciudad y no quieres ser prisionero en tu propia habitación con el aire acondicionado, hay que idear alguna estratagema para ajustarle las cuentas al calor. Se me han ocurrido cinco, todas procedentes de mi experiencia personal.

Piscina del Arsenal. Desde hace algunos años a esta parte se ha convertido en uno de los lugares preferidos de los veroneses y de los turistas en las noches calurosas de verano. Después de una avería en las mangueras, el complejo está ya reparado y ha vuelto a funcionar a la perfección. Estamos detrás de Castelvecchio, en frente del ex Arsenal de los Habsburgo. En los jardines, a la sombra de los pinos, hay una gran piscina con dos dedos de agua en la que se puede pasear con los pies descalzos o con sandalias, los niños juegan a la pelota y montan en bicicleta y los perros chapotean dentro de ella. En resumen, un rincón de frescura en el corazón de la ciudad.

“Adigio beach”. En los días más bochornosos solo hay que cruzar uno cualquiera de los muchos puentes de la ciudad para darse cuenta de que del Adigio sube una brisa fresca que baja unos grados la temperatura. Normalmente en verano el río tiene un caudal reducido y, por eso, en algunos puntos el agua se retira dando lugar a playas fluviales. Cerca del puente de Castelvecchio, bajando por los jardines del Arsenal, se forma una amplia playa de piedras de río. En cambio, cerca del puente Catena hay una playa de arena (rebautizada por los veroneses como «Catena Beach»). Continuando a pie desde aquí se entra en el parque del Adigio, con un precioso paseo en el bosque por la orilla y claros equipados con mesitas y bancos para improvisar un picnic.

Piscinas Lido. En Verona hay varias piscinas públicas a precios accesibles para todos. Mis preferidas son las Santini, que están en medio de un parque verde y con sombre justo a los pies de las colinas de Quinzano. Sin embargo, las más cercanas al centro son las piscinas «Lido»: son también las más antiguas de la ciudad y, de hecho, las instalaciones son algo antiguas. No obstante, la localización no tiene comparación, justo al lado de los bastiones de la ciudad. No sé en qué otra ciudad del mundo se puede uno dar un chapuzón a la sombra de sus murallas medievales.

Adigeo. No soy una persona de centros comerciales, pero el nuevo Adigeo abierto cerca del peaje Verona Sur de la autopista (al que se puede llegar fácilmente desde la ciudad en autobús) es elegante y cómodo, además de muy fresco (gracias al aire acondicionado). Está organizado en dos plantas, con amplios espacios abiertos como si fueran una plaza, y ofrece una amplia selección de restaurantes de buena calidad. En general, si en el centro de la ciudad es imposible respirar, esta puede ser una buena alternativa para las horas más calurosas.

Quioscos de sandía. Los expertos lo repiten a menudo: cuando hace mucho calor, hay que comer mucha fruta. En Verona una de las tradiciones más difundidas en las noches de bochorno es quedar con los amigos para comer un trozo de sandía. En todos los barrios de la ciudad hay quioscos que la venden. El más famoso y longevo es probablemente el quiosco de San Zeno, que hace poco cumplió sus primeros cincuenta años de edad y donde por las noches se organizan a menudo conciertos con música en directo. Y si no te gusta la sandía, hay más opciones, como una deliciosa granizada.

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