Catania big screen

Catania en la gran pantalla

Hace algunos meses, en un determinado momento, tuve que participar por motivos de trabajo en la realización de un anuncio publicitario. «Qué guay –dije enseguida–. Es precioso». Sí, es cierto, es precioso, solo que el tiempo era poco, hacía falta un lugar muy bonito, cerrado, con largos pasillos y, a la vez, con habitaciones muy abiertas. Tenía que ser también un lugar que fuese relevante artísticamente. Uno de esos lugares que cuando los ves, te quedas con la boca abierta y piensas que querrías vivir allí solo para disfrutar de él todos los días. Al final optamos por el ex Monasterio de los Benedictinos, pero no antes de que yo terminara de estudiar buena parte de las ambientaciones etneas que el cine ha llevado a la gran pantalla. Elegí cinco.

«Una notte blu cobalto» (Una noche azul cobalto) por Catania de noche, o mejor, Catania de noche en Vespa. Es una película independiente grabada por completo en la ciudad. El protagonista, –interpretado por Corrado Fortuna,  artista con una larga trayectoria que además se ha revelado como un gran escritor– sube a una Vespa de color azul cobalto y lleva pizzas de un lado a otro. En un momento determinado, gira alrededor del elefante del Duomo y se ve una parte de vía Garibaldi con su «fortino», una de las antiguas puertas de acceso a la ciudad, y es ahí cuando se me corta el aliento.

«Besos perdidos» por la Porta della bellezza. Se habló mucho de ello cuando grabaron esta película en Catania. Lo hicieron en Librino, un barrio periférico, el mismo en que nació y continuó la experiencia deportiva de los Briganti, mi equipo de rugby preferido. Por cierto, de esta película también me gustan mucho las escenas en moto. Hay un par de ellas preciosas en las que la protagonista femenina pasa cerca de un puente pintado de azul. Es la Porta della belleza, el regalo de un mecenas y de muchísimos artistas al barrio. Trabajaron en ella los niños de las escuelas, la realizaron con sus propias manos y nadie la ha tocado nunca. Está ahí, íntegra e intacta, y conmemora el compromiso.

«La tierra tiembla» por los farallones de Aci Trezza. Estudié esta película en la universidad y todavía hoy debo dar las gracias a esa bonita asignatura porque aprendí muchísimas cosas sobre el cine. Por ejemplo, aprendí a mirarlo con un ojo algo más crítico que antes. Los farallones de Aci Trezza (esas rocas enormes en medio del mar) son el escenario de esta obra de arte de Luchino Visconti, que había partido para hacer un documental y al final hizo una película basada en la historia de Los Malavoglia  de Giovanni Verga. De haber estado en su lugar, yo también me habría dejado inspirar por ese paisaje.

«La novicia» por la Ermita de Sant’Anna. Después de Luchino Visconti, es el turno de Franco Zeffirelli. La historia es claramente la de la novela en la que se inspira (otra novela de Verga, solo para dejar claro que estoy algo obsesionada), pero centrémonos únicamente en el lugar: la Ermita está en un pueblecito que se llama Aci San Filippo. Tras una mañana en el mar con los farallones de Trezza, se coge un camino y se sube toda una colina. La iglesia, muy pequeñita, está ahí arriba. Y delante hay una plaza con una vista preciosa.

«Palombella rossa» por las Termas de Acireale. Que, por cierto, son un lugar precioso. Nanni Moretti grabó una película tan propia de su estilo que es imposible no citarlo, en especial por el diálogo entre el deportista Michele Apicella y la pobre periodista atrapada en los lugares comunes. La escena ha hecho historia: «Ma come parla? Ma come parla? Le parole sono importanti» («¿Pero cómo habla? ¿Cómo habla? Las palabras son importantes»), grita el alter ego del director sentado en el borde de la piscina etnea.

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