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Burdeos, reminiscencias industriales

Las ciudades están vivas y sus barrios van transformándose, al igual que sus edificios. En Burdeos, el distrito de la Bastida encierra todo un universo olvidado, vinculado al pasado industrial de la ciudad. Un paseo conmovedor y singular.

La Bastida fue, durante años, un barrio de la ribera derecha del Garona en el que nunca me hubiera adentrado. Las casas abandonadas y los vestigios de las fábricas no me atraían precisamente.  Pero se comenzó a hablar de proyectos de revitalización y se me antojó dar una vuelta para apreciar el encanto de este arrabal caído en el olvido.

Burdeos nunca tuvo verdadera vocación industrial, si bien en la Bastida se concentraban las fábricas más representativas,tales como Motobloc, célebre marca de automóviles de lujo y de carreras, por la que sentía un cariño especial, puesto que mi abuela trabajó en ella para fabricar munición para la guerra. Un millar de personas, en su mayoría mujeres, se dedicaron a esta labor. La fábrica, inaugurada en 1902, cerró sus puertas en 1961. No queda nada de ella más que una magnífica puerta de entrada, obra de Alfred Cyprien Dupras.

El gigantesco complejo formado por la caserna Niel y los almacenes generales de la Gironde también terminó por desaparecer. La empresa de los almacenes generales había levantado cuatro  depósitos en 1868 para custodiar mercancías, que el Estado le expropió en 1874 para construir la caserna Niel. Luego vinieron el abandono, el deterioro, los ocupas… En 2011 comenzó la primera etapa de la reconquista con el proyecto Darwin, una rehabilitación basada en un modelo respetuoso con el medio ambiente para dar cabida a empresas y asociaciones. Le Magazin Général, bistró-comedor y tienda de alimentación biológica a pie de calle, cuya terraza ocupa el vestíbulo, es el lugar de reencuentro por excelencia de Darwin.

Pero antes de sentarme a tomar un té, recorro la gran vía central, rodeada de cobertizos, aún presa del abandono desafiante del tiempo y de los saqueos, escenario de grafitis pintorescos y puertas entreabiertas que baten a voluntad del viento, como si tuvieran vida propia.

A lo lejos, los antiguos depósitos ferroviarios de 1852 que antes atravesaban los trenes. Fueron arrasados por un incendio cuando ya habían dejado de estar operativos, pero acaban de cobrar una nueva vida; ahora albergan los archivos municipales de Burdeos. Este imponente edificio industrial ha recuperado su potencia arquitectónica, anclado sobre su gran armazón de piedra. Echo de menos sin duda el hotel Ragueneau, del siglo XVII, situado en el centro de la ciudad, donde llevaba a cabo mis investigaciones y cuya puerta rodeaba una impresionante glicina. No obstante, se tomaron esquejes de esta planta legendaria de Burdeos para que la glicina florezca en la nueva ubicación de los archivos, en la Bastida, como símbolo del eterno retorno.

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