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Burano y sus colores

Un paseo por la isla que ha convertido el color en su seña de identidad y que con sus pintorescas casas provoca buen humor y alegría a todos sus visitantes.

En la iconografía de la laguna veneciana, la isla de Burano ocupa, sin lugar a dudas, un puesto de honor por detrás de la plaza de San Marcos.

Se trata de una amalgama de colores que a menudo inunda las fotos de los folletos turísticos, un colorido que impresiona y sorprende a la imaginación del visitante.

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De ahí que, tras la visita habitual a la ciudad de Venecia, no puede faltar una excursión a las principales islas de la laguna para satisfacer la curiosidad y admirar una paleta de colores que se abre ante el visitante en medio de un paisaje, también multicolor, que surge de las aguas de la laguna.

Unas vistas espectaculares que se pueden disfrutar si, para llegar a Burano, se utiliza la línea 14 del servicio de navegación urbano ACTV.

Saliendo de Venecia en dirección al Lido, se surcan las aguas de la cuenca de San Marcos, que permiten disfrutar de una panorámica que no deja nunca a nadie indiferente, incluso a quienes, como yo, han nacido y vivido aquí. A nuestras espaldas, Venecia y su emblemática plaza de San Marcos se difuminan poco a poco en el horizonte.

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Tras abandonar el Lido y poner rumbo hacia Punta Sabbioni, se pasa por delante de la iglesia de S. Niccolò y, un poco después a mano izquierda, se pueden ver los muros del fuerte de S. Andrea, que antaño servía de defensa para la entrada a la laguna.

Tras navegar por los canales serpenteantes de las «barene» (terrenos rodeados por agua, a menudo sumergidos por la marea, donde viven numerosas clases de aves), desde las aguas comienza a atisbarse el campanario de Burano, famoso por su inclinación y por ejercer de guardián de las casas de colores de la isla, que surgen ante los ojos como un espejismo.

Muchos de los habitantes de Burano son pescadores, de modo que por sus canales se pueden observar embarcaciones con extraños aparejos de pesca a bordo, una característica que los amantes de los pescados y mariscos no deben pasar por alto a la hora de hacer una parada obligatoria en uno de sus restaurantes, que ofrecen una amplia variedad de platos con «pescado de la laguna».

Recomiendo dar una vuelta por estos lugares insólitos a primera hora de la mañana, cuando la isla todavía no está congestionada de turistas, o al atardecer… ambos les confieren a las barene y a los canales un encanto inesperado.

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