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Bizcocho de Nantes

El Bizcocho de Nantes es la especialidad de repostería de la ciudad de Nantes… Y, por muy buena nantesa que yo sea, este bizcocho ha sido siempre un misterio.

A mi abuela Hélène le encantaba preparar este bizcocho en grandes fiestas familiares pero, como bien decía ella, “¡esta dulzura es solo para adultos!” Al descubrir este postre apetitoso, con mis tiernos 10 años, empecé a hacerme preguntas…

Pero fue al desmenuzar la receta cuando por fin comprendí. ¡En el interior de este bonito bizcocho blanco se esconde un poco de licor de ron! Pues sí, este bizcocho de Nantes es el reflejo de la historia de la ciudad y, sobre todo, de las especias y demás ingredientes del nuevo mundo que transitaban por el puerto de Nantes en el siglo XVIII.

Desde ese gran descubrimiento, me gusta preparar esta receta de mi abuela, que se transmite de generación en generación:

Para 6 personas necesitas 150 g de azúcar, 100 de almendra en polvo, 125 g de mantequilla salada (aquí en Nantes, la mantequilla siempre es salada…) que esté muy blanda, 3 huevos grandes, 100 g de azúcar glas para la cobertura, 40 g de harina y, finalmente, 9 cl de ron (un poco menos si van a comer los más jóvenes).

A continuación, es muy sencillo: en un recipiente grande, mezcla la mantequilla blanda con el azúcar y la almendra en polvo. En un segundo cuenco, bate los huevos antes de incorporarlos a la mezcla preparada. A continuación, añade la harina tamizada y un primer vaso de ron (3 cl); viértelo todo en un molde para bizcocho redondo.

Hornéalo a 180 °C (termostato 6) durante 20 minutos. Después, a 150 ºC durante 15 minutos. A continuación, saca el bizcocho, desmóldalo y echa un segundo vaso de ron (3 cl).

Al día siguiente, cuando el bizcocho esté bien frío, añade el glaseado mezclando el azúcar glas y un último vaso de ron (3 cl). Cubre la tarta con el glaseado, ¡y listo!

Ya solo queda disfrutar de este delicioso bizcocho de Nantes con una bola de helado de caramelo con mantequilla salada, como buena golosa que soy. Cierro los ojos y me dejo llevar por los ingredientes ligeramente ácidos de esta especialidad local. He llegado a buen puerto, ¡estoy en Nantes!

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