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Bat3 reunifica las dos riberas del Garona

El Garona divide la ciudad de Burdeos en dos. A menudo se considera que existe una ruptura entre la margen derecha y la izquierda, pero el Bat3 forma parte de los medios de que disponen los bordeleses para acercarlas.

Durante años, los bordeleses tuvieron que conformarse con utilizar el Puente de piedra, construido por orden de Napoleón entre 1810 y 1822, para cruzar el Garona. Como modo de franqueo estaba bien, pero no era suficiente para favorecer los intercambios a gran escala entre una orilla y la otra. Ante esta necesidad, los bordeleses optaron por utilizar góndolas. Sí, no solamente hay góndolas en Venecia. Estos barcos de vapor funcionaron entre 1865 y 1940.

Varias empresas proporcionaban este tipo de transporte: golondrinas, góndolas y abejas, cada una de ellas con un trayecto particular. Con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, el servicio se interrumpió y algunos barcos se quemaron o destruyeron. Las góndolas desaparecieron del Garona. Mi madre me hablaba a menudo de esas góndolas en las que le encantaba montar para cruzar el Garona. Ese medio de transporte me parecía muy atractivo.

En 2012, Bordeaux Métropole, entidad responsable del área metropolitana bordelesa, restauró el servicio de transporte fluvial, a pesar de la proliferación de nuevos puentes.

Así surgieron los Bat3. Dos catamaranes de 19 metros de eslora, construidos en los astilleros Dubourdieu, situados en Gujan-Mestras, en la bahía de Arcachón. Estos Bat3, que funcionan con electricidad y gasóleo, se idearon para conectarse al resto de la red de transporte público, autobuses y tranvías, aunque cuando tomo este barco, lo hago más que nada por el placer de navegar por el Garona por el precio de un billete de autobús. Me siento un poco como una turista en mi ciudad, al contemplarla desde nuevos ángulos. Esta ruta fluvial no es comparable a los recorridos que pueda hacer a pie o en coche.

El paseo es bastante corto, teniendo en cuenta la distancia recorrida. Dado que resido en la ribera izquierda del Garona, puedo tomar el Bat3 en la parada de Quinconces/plaza Jean-Jaurès para disfrutar de una corta travesía hasta la plaza Estalingrado, donde se alza la estatua del famoso León azul. Pero prefiero hacer una ruta más completa, que me lleva hasta las puertas de Lormont, con paradas en el centro comercial Quai des Marques (muelle de las marcas), repleto de boutiques, la Cité du Vin (ciudad del vino), aún en la margen izquierda, para luego cruzar el río y adentrarme en Lormont, en un ambiente totalmente diferente, propio de un pueblo.

Desde el Bat 3, que deja a su paso una estela sobre las aguas de color chocolate, contemplo, entre otras cosas, las Columnas rostrales, un atisbo de la Bolsa marítima, las dos casas holandesas, los bellos arcos de piedra sobre los que se construyeron los muelles y, al fondo, las instalaciones del puerto con su ejército de grúas. Y mientras que los viajeros del autobús o el tranvía suelen ser hoscos y cerrados, en el Bat3 fluye la conversación, la relajación y el buen humor. Los bordeleses se sienten casi como si estuvieran de vacaciones. He conocido a personas interesantes que me han hablado de su vida, de su Burdeos. Hay que repetir la experiencia, porque los puntos de vista cambian según si la marea está alta o baja.

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