Resultaría imposible encontrar en una urbe tantos, tan variados y tan singulares monumentos y lugares de gran belleza como la Giralda, la Catedral, los Reales Alcázares, la Torre del Oro, la Plaza de España, el Parque de María Luisa, el Barrio de Santa Cruz, el Ayuntamiento, el Palacio de las Dueñas, la Basílica de la Macarena, el Museo de Bellas Artes, el Barrio de Triana, los patios, los balcones y rejas, y un sinfín de iglesias, conventos y detalles que convierten su centro histórico en un museo al aire libre.

Si a todo ello le añadimos sus tabernas, su gastronomía, sus fiestas y la gracia y hospitalidad de sus gentes, nos resulta un conjunto lleno de colorido, dramatismo, luz, música, alegría, tradición y modernidad, difícil de igualar.

Desde Sevilla, podremos desplazarnos cómodamente hasta Huelva, tierra ligada al Descubrimiento de América, en dónde pueden visitarse los lugares Colombinos, con el Monasterio de la Rábida, el Puerto de Palos (lugar de partida de Cristóbal Colón), o el Parque Nacional de Doñana, único por su riqueza en flora y fauna, especialmente las aves migratorias y el lince ibérico.

De igual forma resultará interesante la visita a Cádiz, la tacita de plata, con un inconfundible sabor marinero, y en dónde destaca la gracia y la hospitalidad de sus habitantes, como lo demuestran sus famosos carnavales. Sus imprescindibles: monumentos interesantí­simos como la Catedral, las Murallas, la Parroquia de Santa Cruz, el Parque Genovés, la Puerta de la Caleta, o dar un paseíto en catamarán por su bella bahía.

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